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EN LAS ESTANCIAS DE CLÍO

Buscando en el baúl de los recuerdos...

Literalmente.
Hace bastantes años, el aposentador de este blog se dedicó una mañana entera a hacer limpieza en el desván de la casa del pueblo, en compañía de su padre.
Entre las cajas que se bajaron, había una llena de libros antiguos, que aún hoy no acabamos de saber muy bien cómo fueron a parar allí. La mayoría eran de trigonometría, aritmética y demás, casi todos publicados entre 1950 y 1960. Sin embargo, había una llamativa excepción:
uno de los libros tenía una portada en la que aparecía dibujada a plumilla la fachada frontal del Partenón. El título decía Compendio de Historia Universal. El autor era el P. José Mundó S. J.
Debajo del nombre del autor se podía leer Edad Antigua. Debajo de la imagen de la Acrópolis los datos de la edición: Barcelona, Librería religiosa, Calle Aviñó 20, 1914.

Pues sí, tenía en mis manos nada más y nada menos que un libro de Historia Antigua escrito por un sacerdote en 1914. Inmediatamente, adquirió el rango de joya bibliográfica de mi biblioteca particular, que aún conserva.
Hay que decir que el libro no está nada mal. El estudio de las culturas antiguas, sobre todo Mesopotamia, Grecia y Roma que plantea el libro se hace desde una perspectiva detallada, y sorprendentemente amena.

Pero claro, estamos hablando de un libro de comienzos del siglo XX. Y escrito por un religioso. Evidentemente, cuestiones, digamos "delicadas" como el origen del hombre sólo podía hacerse desde una perspectiva peculiar.
Aquí es donde quería llegar. Las siguientes líneas son una transcripción de cómo se describe el origen del género humano en dicha obra. Obsérvese la curiosa manera de adoptar el debate creacionismo vs. evolucionismo (desde la primera postura, claro está).

"Después de criar (sic) Dios el universo, crió (sic) el primer hombre, que se llamó Adán; haciéndolo a su imagen y dándole por compañera una mujer para que tuviera descendencia.
Los que se empeñan en envilecer su árbol genealógico con el de los monos, muestran especial interés en dar a su linaje fabulosa antigüedad. Según ellos, la bestia a quien reconocen por su padre, ya que en el período terciario había trocado su erudito nombre de pithecánthropos por el más humilde de homo stupidus (hombre estúpido). Verdad es que no había ganado mucho, ni en lo sonoro del título, ni en las mañas; que no usaba todavía del fuego ni de artefacto ninguno. Pero ya sabía hablar o por lo menos entender los chillidos de sus congéneres. En tal estado pasó el homo stupidus centenares de miles de años sin dejar de sí huella ninguna sino en la mente de sus admiradores, hasta convertirse en lo que es ahora, homo sapiens.
¿Qué argumentos tiene esos sabios para autentificar sus títulos nobiliarios? Primero, que existen monos y hombres que se les parecen. Segundo, que se han encontrado unos huesos fósiles, que decían ser de hombre y resultan ser de bestia. Tercero, que se han descubierto otros huesos, humanos sí, pero cuya antigüedad niegan los mismos racionalistas. Cuarto, el hallazgo en terreno terciario de algunas piedras de bordes cortantes, llamadas eolitos, las cuales, según enseñan los geólogos, deben su forma al fuego, al hielo o percusiones fortuitas. Por fin, se acogen a que probablemente la morada del pithecánthropos se hundió en el fondo de los mares. Dejémosles que buceen en busca de ella y nos avisen cuando la encuentren.
Nosotros, aunque no hemos de aventurarnos a señalar con guarismos la antigüedad del hombre, pues ni tenemos datos históricos para ello ni la podemos deducir de la Sagrada Escritura, según opinan los exégetas católicos; cerrando los oídos a las voces de los que intentan hacer de nuestros antepasados unas bestias algo más desarrolladas que las otras, sigamos al inspirado autor que nos dice: Crió (sic), pues Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le crió (sic); criólos (sic) varón y hembra. (Gén. I. 27). Había plantado el Señor Dios, desde el principio, un jardín delicioso, en el cual colocó al hombre que había formado (Gén. II. 8)."

La verdad es que el texto no tiene desperdicio. El análisis crítico de los argumentos evolucionistas le deja a uno boquiabierto.

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Los cátaros: más acá del mito (II)

¿Eran un ejemplo de pobreza?
Desde luego, la conducta de los perfectos puede ser considerada un modelo de virtudes comparada con la de los de la jerarquía católica; en todo momento hicieron gala de una humildad ejemplar, y nunca lucieron joyas ni vestidos suntuosos. De hecho, los perfectos nunca llevaban dinero encima. Paradójicamente, el catarismo fue cualquier cosa menos un movimiento religioso marcado por la pobreza.
Los cátaros se dedicaban a actividades propias de la burguesía urbana: sastres, comerciantes, tejedores... Por estas actividades obtenían un dinero que destinaban a la congregación, haciendo crecer las arcas de su iglesia.
Pero además de eso, el catarismo se dedica a una actividad perseguida por la Iglesia Católica: el préstamo con interés, la usura. Estas actividades financieras y la justificación bíblica que buscan para las mismas, les despertarán grandes simpatías entre la naciente burguesía urbana y comercial. Desde el punto de vista financiero, se alineaban los cátaros así al lado de la libertad económica.
Por su parte, el dinero obtenido rara vez era invertido en la compra de edificios o tierras. En su mayoría iba dirigido al mantenimiento de su iglesia, obras de caridad, etc. Cuando se inicia la persecución, servirá también para pagar a mercenarios que les protejan.
Todo este dinero seguía creciendo gracias a su depósito en los nacientes bancos de Tolosa y el norte italiano.
En buena medida, el dinero también servía para préstamos, normalmente a la nobleza, con sus intereses correspondientes. A menudo, se renunciaba al interés a cambio de que el caballero receptor prestara su protección a los cátaros. Si el receptor devenía moroso, la única represalia con la que contaban los cátaros -eficaz sólo si el moroso era creyente- era negarle el consolament en caso de que lo pidiera. Eso es lo que hizo, por ejemplo, el perfecto Guilhabert de Castres, negándose a administrar el consolament al caballero Orth de Niort, quien debia a los cátaros 1200 sueldos.
Al iniciarse la persecución, se estableció la talha, una cuota voluntaria que servía para el sostenimiento de la iglesia en momentos tan duros. Varios perfectos hicieron de questores (o depositarios del dinero).
En fin, entre los intereses de los préstamos, la política de no comprar inmuebles, las contribuciones voluntarias, el fruto de su trabajo personal... En el siglo XIII, los cátaros eran dueños de una gigantesca fortuna en dinero líquido, que con razón inspiró mitos y leyendas sobre tesoros cátaros.

¿Qué es la "Cena Secreta"?
Sin lugar a dudas es uno de los textos más famosos del catarismo, popularizado en buena medida por el "boom" de la literatura pseudohistórica al que me refería en el post anterior.
Se trata de la "Interrogatio Iohannis", y técnicamente es el único texto religioso cátaro de carácter sagrado que conocemos. Precisemos. Conocemos varios textos más, pero son oraciones, reflexiones, discursos, comentarios, obras teológicas... La "Interrogatio" es la única obra con rango sacro, nada más y nada menos que un Evangelio.
Se trata de un "secretum" (o "apocryphon", o sea libro secreto) y se describe a sí mismo como un diálogo entre Jesús y Juan "en la Cena Secreta del Reino de los Cielos (in cena secreta regni celorum) acerca de la organización de este mundo, del príncipe (=Satanás) y Adán."
Lo curioso es que la "Interrogatio" no es un texto cátaro en sentido estricto. Realmente es un texto bogomilo, que pasó a Europa Occidental a través de traducciones latinas. De esa obra conocemos dos versiones, la de Vienne y la de Carcassona, que coinciden en su estructura:
Satán antes de la caída; seducción de los ángeles por Satán; Caída de Satán; Creación del Mundo; Creación del hombre; pecado de Adán y Eva; creación de las almas; el reino de Satán en la tierra; el descenso de Jesucristo; el bautismo por agua y el espiritu; significado de las palabras "Comera la carne y beber la sangre de Cristo"; Juicio Final y castigo de Satán.
Hay un detalle que la mayoría de las obras "davincianas" suelen omitir: la "Cena Secreta" era un texto vinculado al catarismo moderado (sobre todo, a la Iglesia de Concorezzo, cerca de Milán). Es decir, un texto ajeno al dualismo absoluto que predominaba en Occitania.
Los cátaros occitanos y por extensión todos los dualistas absolutos, curiosamente, tenían como libro de cabecera el Evangelio de San Juan canónico, que -eso sí- traducían e interpretaban a su manera. Por ejemplo, la frase latina "sine ipse factum est nihil" no la traducían como "sin Él nada se ha hecho", sino como "sin Él, la nada se ha hecho".
Esta importancia del Evangelio de San Juan radica en su estructura basada en opuestos. A lo largo del texto, se establecen de manera más o menos constante oposiciones entre la Luz y las Tinieblas, la Verdad y la Mentira, el Ángel de la Luz y el Ángel de las Tinieblas, lo que lo hacía especialmente interesante para cualquier doctrina de carácter dualista.

Ponga un celta en su belén.

Teniendo en cuenta las fechas en las que nos encontramos, casi resulta obligado dedicar un espacio, aunque sea mínimo, a glosar las Navidades, en cualquiera de sus múltiples facetas.
Cuando la divulgación de temas históricos se mezcla con el asunto navideño, el resultado suele ser una pléyade de artículos y reflexiones sobre si Jesús nació en el 7, el 3 o el 2 antes de Cristo, o sobre si la "estrella" era un cometa, una supernova o una conjunción planetaria, sobre los rituales paganos invernales y su asimilación por el cristianismo...
Curiosamente, hay un detalle histórico que suele ser ignorado sistemáticamente, y es el hecho de que en Palestina, entre fines del siglo I a. C. y comienzos del I d. C., hubo un contingente de tropas celtas al servicio de la monarquía local.
Los protagonistas de este post son los gálatas. Éste es el nombre (galatai) que los griegos dieron a un conjunto de gentes de lengua celta que en torno al 300 a. C., procedentes de la Europa central y después de haber cruzado la llanura húngara y el valle del Danubio, cayeron sobre la península balcánica.
A lo largo del primer tercio del siglo III a. C., sostuvieron varias luchas con los estados griegos con variada fortuna: unas veces vencedores, otras vencidos, en el 279 llegaron a saquear el santuario de Delfos.
Dividido este pueblo en varios grupos, unos -los menos- continuaron vagando por Grecia. La mayoría regresó al norte, y asentados en Tracia, fundaron el "reino" de Tylis, que subsistió hasta el 210.
Sin embargo, mientras se producía el saqueo de Delfos, otros gálatas habían llegado tan al este que cruzaron el Helesponto y penetraron en el Asia Menor. Nicomedes I de Bitinia les ofreció parte de Frigia, que pasó a denominarse Galacia o Galatia. Comenzaron así a prestar sus servicios como mercenarios en las luchas libradas entre los distintos reinos helenísticos, a la vez que continuaban efectuando incursiones de rapiña contra los territorios vecinos. Sin embargo, no tuvieron mucha suerte. Antíoco Soter de Siria los venció en el 270, y Atalo de Pérgamo, cuatro veces entre el 241 y el 230. Aunque las victorias atálidas no fueron aplastantes, inspiraron un conjunto escultórico de galos moribundos y agonizantes que fue colocado en el templo de Atenea en Pérgamo. Las estatuas, fueron copiadas por los romanos y dichas copias aún pueden verse hoy en día, resultado sobrecogedoras por su belleza y dramatismo.
Aún sufrieron una nueva derrota en el 165, a manos de Eumenes II de Pérgamo. Esta derrota sí resultó decisiva. Los gálatas, definitivamente debilitados, empezaron a entrar en la órbita del imperio romano en el 88 a. C, pasando a ser provincia en el 25. Los nuevos amos fundaron en el centro del país una capital, Ancyra, la actual Ankara.
Más de un siglo después, San Pablo les dedica a los gálatas una de sus epístolas, previniéndoles contra la codicia, la idolatría y los excesos del cuerpo.
En los últimos tiempos del imperio romano, San Jerónimo observaba que en la Galatia, siete siglos después de su fundación, seguía hablándose una lengua muy semejante a la de Tréveris, en las Galias orientales, aunque aclaraba que se servían preferentemente del griego para expresarse.
Sobre la helenización de los gálatas, resulta interesante recordar la inscripción hallada en Egipto, en la capilla de Horus del templo de Seti I, realizada en el 186 ó 185 a. C. por unos gálatas al servicio de los Ptolomeos. Obsérvese que los autores se expresan en griego y llevan nombres plenamente griegos...
Ton Galaton Thóas Kallìstrates Akhannon Apollonios ethomen kaí alópoeka elábomen ode
"De los gálatas, Thoas, Calístrates, Akhanon, Apolonio, hemos venido y cogido un zorro aquí".

Llegados a este punto, os podéis preguntar qué tiene que ver todo esto con la Palestina de hace 2000 años. Pues bien, el inefable Flavio Josefo nos cuenta en La Guerra de los Judíos que Cleopatra tenía a sus órdenes un contingente de 400 gálatas. Tras la victoria de Actium y la muerte de Marco Antonio y Cleopatra, Augusto, dueño absoluto de Roma (y Egipto), puso esa guardia al servicio del rey Herodes (I, 397)
Lo curioso es que el mismo Josefo vincula a unos gálatas con la muerte de Jonatán, hermano pequeño de Herodes, muerte en la que éste último para haber estado implicado:el joven (Jonatán) fue enviado de noche a Jericó, y allí murió ahogado en una piscina por los gálatas. (I, 437). El problema es que las fechas no cuadran; Jonatán murió cinco años antes de que Augusto pusiera a los soldados gáltas de Cleopatra a disposición de Herodes. ¿Se hizo un lío con las fechas Josefo? ¿Había allí otros gálatas antes?
La guardia gálata fue fiel hasta el final. Dice Josefo del entierro de Herodes: alrededor del féretro estaban sus hijos y el grueso de sus familiares; detrás de los lanceros, el batallón tracio, los germanos y los galos, todos ellos con su equipamiento de guerra. (I; 672)
Como se puede ver, Herodes tenía a su servicio contingentes extranjeros de variada procedencia. Roma no quería que corriera peligro uno de sus principales peones en Oriente Próximo, un peón que era cuestionado por su propio pueblo.
Pero ¿qué fue de los gálatas tras la muerte de Herodes? Manejando las fechas, es lógico pensar que los gálatas no eran exactamente los mismos que habían estado al servicio de Cleopatra, quienes ya habrían muerto o estarían demasiado viejos. Pero sí debió haber una especie de guardia gálata, cuyos miembros eran relevados por compatriotas (igual que la Guardia Suiza vaticana) de manera más o menos constante. ¿Echarían raíces en Palestina después de tantos años? ¿Regresarían a su tierra? ¿Fueron asumidos por los sucesores de Herodes? Ni Flavio Josefo ni el Nuevo Testamento nos dicen nada al respecto.

Imaginemos la posibilidad ¿remota? de un niño judío hijo de una joven llamada Miriam y de un carpintero llamado Joseph, que en un determinado momento se cruza en cualquier lugar con un grupo de guerreros más altos y de pelo y tez más claras que la de los habitantes de Palestina, fuertemente armados con sus largas espadas de remoto origen lateniense, con sus torques al cuello, hablando una jerga mitad griego mitad galo... ¿qué impresión le habría producido?

Nota: los textos de La Guerra de los Judíos están extraidos de la edición de Jesús María Nieto Ibáñez (Bibioteca Clásica, Gredos, 1997)

¿La voz "celta" es celta?

¿La voz "celta" es celta?

Sí, sí... al que no le interesen este tipo de temas, le puede parecer que el blog va un poco cargadito sobre ellos. Lo que sucede es que un servidor frecuenta desde hace bastante tiempo Celtiberia y envía de cuando en cuando algún articulillo relativo a los asuntos que en esa santa página se tratan. El caso es que teniendo ahora mi propio blog, he decidido colgar aquí alguno de esos artículos que tenía "en el horno".
El presente post, como su título indica, se va a centrar en cuál es el origen exacto de la palabra "Celta". Una voz que designa a una civilización que en su momento se extendió desde Irlanda y la Península Ibérica hasta los Balcanes y el Asia Menor. Pero, ¿realmente es eso lo que queremos decir cuando hablamos de "celtas"? Como señala Colin Renfrew, podríamos establecer al menos ocho significados para el término "celta", teniendo en cuenta su uso habitual:
1.-Pueblos llamados celtas por los griegos y romanos.
2.-Pueblos que se autodenominaron celtas.
3.-Conjunto de lenguas agrupadas en una familia llamada "celta".
4.-Un determinado complejo que agrupa a varias culturas arqueológicamente definidas, de la Europa centro-occidental.
5.-Un estilo artístico.
6.-Un tipo de "espíritu" (marcial, independiente) que caracterizaría a estos pueblos, según loa autores clásicos.
7.-El arte (y la iglesia) propios de determinadas zonas de las islas Británicas en el primer milenio de nuestra era.
8.-Rasgos y cualidades que caracterizarían a algunos pueblos actuales, y que, supuestamente, derivarían de un pasado celta (lo que comúnmente se llama "herencia celta").

Vamos a detenernos en los puntos 1 y 2 para responder a nuestra pregunta: ¿realmente la voz celta es celta? ¿alguna vez los celtas se llamaron celtas a sí mismos?
Las referencias más antiguas a esta palabra se encuentran en obras de mediados del primer milenio a. C. aunque aparecen recogidas mil años después: una es la Ora Marítimca, de Rufo Festo Avieno, del siglo IV de nuestra era, pero que -al parecer- está basada en datos recogidos de un periplo del siglo VI a. C.; en ella, se habla de los celtas como un pueblo que mora en los confinas noroccidentales de Europa, y que han desplazado de su emplazamiento original a los ligures. En una obra del siglo VI de nuestra era se recoge una cita de Hecateo de Mileto, del siglo VI a. C., en la que se dice que Massalia (Marsella) está ubicada en la Liguria, al sur de la Céltica. (Massalía, pólis tés Ligystikés katá tén Keltikén).
En el siglo V a. C., Herodoto vuelve a hablar de los celtas: al referirse al río Istro (=Danubio), dice de él: "este río, como es sabido, nace en la ciudad de Pirene, en el país de los celtas, y en su curso, divide Europa por la mitad. Los celtas, por cierto, están más allá de las Columnas de Hércules y limitan con los cinetes, que son, de todos los pueblos establecidos en Europa, los que habitan las zonas más occidentales".
Por ahora, en torno al 400 a. C., las referencias a los celtas son vagas e imprecisas; son los habitantes de los confines del Occidente, más allá de las Columnas de Hércules, y en sus tierras se encuentran las fuentes del Danubio. Por contacto, sólo los conocen como habitantes de los alrededores de la colonia griega de Marsella.

En el siglo IV, esta descripción un tanto imprecisa se mantiene. Para Éforo, los celtas sólo son uno de los pueblos bárbaros que moran en la periferia de las cuatro partes del mundo, alrededor de Grecia: libios al sur, persas al este, escitas al norte y celtas al oeste. En los tres siglos siguientes, abundan los autores que se refieren a los celtas: Eratóstenes, Apolonio de Rodas, Polibio, Posidoni (cuyos datos se conservan a través de Estrabón y Diodoro de Sicilia). Incluso, en el siglo II a. C., en un texto hebreo, "El libro de los Jubileos", apócrifo del Antiguo Testamento, al referirse a la descendencia europea de Jafet, se habla de unos montes de Qilt, que algunos, como García y Bellido, identifican con los Alpes, estableciendo la correspondencia Qilt=Kelt.

Pero a estas alturas, aún no queda claro cuál es el origen de la voz "celta": ¿es un invento griego? ¿es una voz indígena? ¿es la adaptación de una voz indígena a la fonética griega?
Por fin, Julio César nos empieza a poner sobre la pista: sus Comentarios a la Guerra de las Galias comienzan diciendo "Toda la Galia está dividida en tres partes, una de las cuales la habitan los belgas, otra los aquitanos y una tercera un pueblo llamado en su propia lengua celtas, y en latín galos". Aquí ya nos topamos con una clave: celta sería la voz indígena, y galo su equivalente latino.
Sin embargo, pocos años después, Estrabón dice en su Geografía: "Esto es todo cuanto tenemos que decir sobre los habitantes de la provincia Narbonense, los llamados antiguamente celtas (keltai/celtae) y creo que por su renombre han contribuido a que los griegos llamemos celtas (keltoi/celti) a todos los galos (galatai) a menos que haya influido también en ello la proximidad de los masaliotas" (IV,1,14)
Y Diodoro, citando a Posidonio afirma: "se llama celtas (keltoi) a los pueblos que habitan encima de Marsella, en el interior del país, cerca de los Alpes y a este lado de los Pirineos. A los que están establecidos encima de la Céltica en las partes que se extienden hacia el norte, por toda la costa del Océano bordeando los montes Hercinianos, y a todos los pueblos que se extienden desde allí hasta la Escitia, se les conoce como galos (galatai). Sin embargo, los romanos, que incluyen a todos estos pueblos bajo una denominación común, los llaman a todos ellos galos (galatai)"(V, 32).

Así pues tenemos:
-Para César, celta es el nombre que se dan a sí mismos los celtas, y galo su traducción al latín.
-Para Estrabón, los celtas son los que viven en la Narbonense, extendiéndose su nombre para designar a todos los galos, bien por su fama, bien por influencia massaliota.
-Para Posidonio/Diodoro, son celtas los que viven de los Pirineos a la Galia Central y galos, los que están más al norte, aunque los romanos llaman galos a todos ellos.
Tito Livio retoma la descripción cesariana y considera la Céltica como toda la zona entre el Sena y el Garona.

Como se puede ver, hay un llamativo contraste entre las fuentes. Lo único que queda claro es que César es el único que afirma el carácter indígena de la voz "celta"; expresa o implícitamente, nadie considera "galo" voz indígena.
En el resto de los territorios celtas, no hay referencias prerromanas que nos remitan al nombre "celta".

Tomemos como ejemplo las islas británicas. Allí tampoco existen esos indicios. Pero para complicar las cosas más, Estrabón dice que los britanos son más altos que los celtas (IV,5,2) y César (V, 12) afirma que aunque las costas orientales están pobladas por gentes de origen belga, procedente de las Galias, el resto de la población se considera a sí misma autóctona. No parecen defender el carácter "pancéltico" britano-galo.
¿Y en la inefable Irlanda? Tampoco nos consta la voz "celta". El primer impulso sería establecer la ecuación gaélico=galo. Sin embargo, obsérvese el hecho de que los autores clásicos nunca mencionan galo como palabra indígena, y -de hecho- algunos la llegan a considerar adaptación latina de la voz celta original. El significado de la posible raíz primigenia *gal- ya fue tratado en el post "Galia=Galicia=Gales. Pues no...".
Además Francisco Marco Simón llama la atención sobre el hecho de que en el "Táin Bó Cuailnge", se habla de unos "galiain" o "galiuin" que serían equivalentes a "galos"
Por lo tanto, los irlandeses establecerían una diferencia entre su nombre y el de los continentales.

Hasta ahora hemos diferenciado entre celta y galo-gálata. ¿Es descabellado pensar en un origen común para ambas palabras? la /k/ y la /g/ son sonidos guturales; tal vez una posible vacilación se encargó de la evolución, y la /t/, si bien desaparece en galo, no lo hace en gálata.

La Península Ibérica no nos soluciona nada tampoco; al margen de los celtíberos, nombre también debido a los autores griegos y romanos, hay unos "celtici" en el suroeste peninsular. Algunos creen que esos serían los celtas que mencionaba Herodoto, de modo que la cita perdería su vaguedad geográfica y se referiría en concreto a un territorio muy preciso.
Estrabón (III, 3,5) hace emigrar a estos celtici al noroeste, ubicándolos en los alrededores del Promontorio Nerio (¿Cabo Touriñán o Finisterre?). En esa zona del occidente coruñés, se ubican varios pueblos: los nerios, los prestamarcos y los supertamarcos. Se podrían añadir tal vez los ártabros, que Pomponio Mela considera celtas, aunque Estrabón no.
Conocemos varias inscripciones de la época romana, sobre todo en Lugo y Astorga, donde se habla de "Celtici Supertamarici" o de "Celtica Supertamarica". Sin embargo, tales textos nos confirman que la denominación se usaba tras la conquista. No son una prueba clara de que también se llamaran celtas antes de la llegada de los romanos. Parece ser fruto de una denominación de los conquistadores, a quienes esos pueblos se les antojaban como celtas (o parecidos a los celtas), a diferencia, dicho sea de paso, de los demás pueblos galaicos...

Por lo tanto, podemos ir concluyendo:
1-Con toda seguridad, los celtas nunca tuvieron una denominación colectiva (desde Irlanda al Asia Menor) para sí mismos. De hecho, muchos pueblos "celtas" ignoraban la existencia de otros (¿cuántos escotos gaélicos conocerían la existencia del Danubio o del Asia Menor?
2-Esa denominación nos ha sido legada por los autores clásicos.
3-Cabe la posibilidad de que "celta" fuera la denominación de un pueblo que vivía cerca de Marsella, que los griegos usaron para llamar a los demás galos.
4-El nombre, con mayor o menor fortuna, por corrupción, pudo dar origen a galo o gálata, que griegos y romanos usaron para llamar a otros pueblos que ellos consideraban vinculados de un modo u otro a los galos (origen, físico, costumbres, lengua...)
5-Cabe la posibilidad de que el nombre galo sí fuera un nombre indígena, usado por algunos grupos celtas, y que -en la nomenclatura de los autores clásicos- estuvo en pugna con el de celta. De todos modos, no hay que olvidar que, aunque la toponimia de algunas zonas de Europa Occidental podría apoyar esta tesis, algunos autores clásicos se refieren expresamente a "celta" como voz indígena, cosa que no sucede con galo, que en algunos casos, es citada expresamente, como de origen griego o romano.

El panorama resultante, lejos de aclarar, casi confunde aún más. Porque celta y galo a veces parecen ser sinónimos y otras veces no. Los autores consideran "celta" una voz de origen galo, después meten a los celtas del suroeste peninsular en el mismo saco celta que los galos y otros pueblos, pero esos celtas peninsulares nunca son considerados galos, sino celtas.... el resultado podría ser una manera -implícita- de reconocer que en la Península, nadie se llamaba celta a sí mismo. Que la palabra no era más que un convencionalismo, de origen galo, extendida con posterioridad a otros pueblos.

En fin, un nudo gálata, casi más dificil de desatar que su vecino el gordiano...

Los cátaros: más acá del mito (y V)

Los cátaros: más acá del mito (y V)

¿Cuál fue su vínculo con el amor cortés?
En las cortes occitanas, además del catarismo, se protegió a los trobadores, que extendieron el ideario del amor cortés. A pesar de que existe una clara oposición entre la exaltación del erotismo y los placeres de los sentidos que se deriva de la poesía trobadoresca, y el rechazo radical al sexo y la materia del catarismo, algunos autores (Joséphin Péladan, Atonin Gadal, Otto Rahn, Déodat Roché...) sí establecieron un vínculo entre ambas realidades. Según ellos, la dama a la que realmente cantaban los trobadores era la iglesia cátara. Sin embargo, esta teoría tiene un punto débil: los trobadores cantaban a damas reales, de carne y hueso, cuyos nombres -y a veces biografías- conocemos.
Además, conviene no olvidar que los dos trobadores más famosos, Bertran de Born y Bernat de Ventadora desarrollaron su actividad fuera de la zona cátara.
Otra cuestión es la actitud de las damas: un cierto libertinaje en las relaciones con los hombres o abrazar una doctrina herética no dejaban de ser dos caras de una misma moneda; maneras de sublevarse contra el estado de postración social al que estaban sometidas.
Otro aspecto del "gay saber" era el anticlericalismo. Hubo algún trobador cátaro que se dedicó a atacar a la Iglesia católica (Bernard Mir, Guilhem de Durfort...) pero la mayoría de los trobadores anticlericales no fueron cátaros: Montanhayol, Peire Cardenal, Guilhem Figueira, Raimon de Cornet... Trobadores que estaban al servicio de señores occitanos que tenían en la jerarquía católica a sus principales enemigos.
Por lo tanto, catarismo y trobadorismo, con su culto al amor cortés, son dos realidades que compartieron época y lugar. Probablemente, a menudo se cultivaron dentro de los mismos muros. Pero ninguno de los dos fue hijo del otro. En todo caso, ambos se nutrieron de unas mismas circunstancias sociales (aperturismo social, nobleza anticlerical, mujeres reivindicando su condición de tales...) que se reflejaron de manera distinta en ellos dos.

¿Cuál fue su relación con el Santo Grial?
Tatachán, tatachán... Hemos llegado a la madre del cordero. Un servidor nunca ha creido en griales y cosas por el estilo. Pero dejemos eso al margen. Vamos a suponer -lo que sería mucho suponer- que sí existió, y analicemos el asunto...
Cuando hablamos del Grial, podemos establecer dos interpretaciones: la clásica, como el cáliz usado en la Última Cena y en el que se recogió la sangre de Jesús en la cruz, y la "revolucionaria", tan de moda últimamente, según la cual sería la "sang real" o el linaje procedente de un hijo que Jesús habría tenido de sus relaciones con una mujer (probablemente la Magdalena). Destripemos el asunto:
1-El cáliz: el catarismo defendía que Jesús era un cuerpo fantásmico. Un ángel, hijo de Dios, pero no igual ni consubstancial a él, bajado del cielo para revelar la verdad a los hombres y mostrar el camino para volver al cielo del que habían caído. Su cuerpo, por lo tanto, era pura ilusión, ilusión acaso construida con una sustancia angelical, de origen celestial que había permanecido pura. Sólo en apariencia había tenido necesidades físicas, sufrido y muerto. Tras su "muerte", ascendió a los cielos en alma, porque nunca fue carne (a diferencia del cristianismo oficial, que defiende una resurreción en cuerpo y alma) Pregunta: ¿Cómo un ángel podía haber nacido de una mujer como María? Fácil. María fue otra ilusión angelical, igual que Jesús. Como él, tampoco fue realmente un cuerpo material.
No olvidemos, además, que los cátaros rechazaban todo lo material, incluida la comunión.
Suponía una aberración salvaje pretender entrar en comunión con Dios a través del consumo de materia impura. Por lo tanto, el cáliz queda descartado:
-Era un objeto material, por lo tanto, difícilmente podía ser venerado por el catarismo.
-El cáliz fue usado en la Última Cena para instituir el sacramento de la Comunión, que el catarismo rechazaba.
-El cáliz había recogido la sangre de Jesús en la cruz. Ello suponía un reconocimiento de su corporeidad, algo de lo que los cátaros no querían ni oir hablar.

2-El linaje sagrado: Peor. A estas alturas, no hace falta volver a insistir en la abstinencia sexual que predicó el catarismo; los perfectos no tocaban a personas del otro sexo. La procreación era una actividad pecaminosa al servir de medio de creación de una nueva cárcel corpórea. ¿Cómo se puede pretender que esta gente honrase y protegiese un linaje, fuera del tipo que fuera? Carne perversa, fruto de la fornicación, perpetuada generación tras generación... Un ataque directo a la visión cátara según la cual Jesús fue un ángel, no un cuerpo real sometido a sus necesidades.
¿La Magdalena? Desde mediados del siglo XI (antes de que surja el catarismo) una abadía en Vézelay, en el sur de Francia, dice acoger su tumba. Todos sabemos como se las gastaban los monjes con tal de atraer "turistas" y peregrinos... Las probabilidades de que esté realmente enterrada allí, son las mismas de que Santiago lo esté en Compostela, y los Reyes Magos en la Catedral de Colonia. Por cierto, a raíz de esta supuesta tumba, se desarrolla en el sur de Francia -como muy bien estudió Georges Duby- toda una literatura religiosa y una serie de sermones que exaltaban a María Magdalena, como símbolo del arrepentimiento y la penitencia. Por lo tanto, no fue relegada sin más a la categoría de prostituta, como prenteden los "danbrownistas".
¿Y el parentesco con el Montségur?
En su obra "Parzival", W. von Eschenbach ubica el Grial (cáliz) en Montsalvage (monte de la salvación), una fortaleza en los Pirineos. Muchos ven en ese monte una alegoría del Montségur. El caso es que otros -los que defienden que el grial es el expuesto en la catedral de Valencia- usan los mismo argumentos que los defensores de la tesis Montségur para concluir que el "castillo del Grial" realmente era el monasterio aragonés de San Juan de la Peña. Como se puede ver, hay para todos los gustos, y cada uno puede interpretar los pasajes de una obra de ficción del siglo XIII, como le dé la gana.
Pero la identificación Montségur-Grial viene, sobre todo, de las teorías de Otto Rahn, oscuro personaje vinculado al nazismo. Como buen nazi, Rahn tenía la percepción de la realidad un poco alterada por la audición excesiva de óperas de Wagner. Su "Parsifal" le puso en contacto con la obra de von Eschenbach y con el tema griálico en general.
Como se ha visto arriba, la conexión de los cátaros con el Grial no tiene lógica. Pero la cosa, por parte de Rahn, no quedó ahí. Los cátaros rechazaban, en todo o en parte, el Antiguo Testamento. Con su Génesis en el que Dios crea el Mundo (material), y ese mismo Dios permitiendo por acción u omisión muertes y fornicaciones, la divinidad a la que se refería el Antiguo Testamento sólo podía ser el Dios Extraño, el perverso creador del mundo material y sus pecados.
Este rechazo al Antiguo Testamento, Rahn lo interpretó como un intento cátaro de crear una iglesia cristiana libre de raíces judías, que además echaba mano de un dualismo de raíz indoirania (o sea, aria). Por si todo esto fuera poco, a los cátaros, en algunos documentos se les llama "ariani", nombre que en principio había designado a los herejes precátaros del siglo XI. ¿Tal vez era una derivación de "arriani"? No olvidemos que el Languedoc fue tierra de godos... El caso es que arianus se parecía demasiado a ario como para obviarlo. El catarismo fue incorporado al imaginario del nazismo, sobre todo a las SS de Heinrich Himmler, quien ubicó el Montsalvage en Montserrat. La querencia de los de la esvástica por el catarismo se ha mantenido hasta hoy, con su cristianismo supuestamente ario y "desjudaizado".
¿No se guardó entonces el Grial en el Montségur? Tras la capitulación de la fortaleza, uno de los defensores, el sargento Imbert de Salles afirmaba que en torno a la navidad de 1243, en pleno asedio, un grupo de personas logró huir llevándose oro, plata y una "infinita cantidad de monedas".
Los cuatro fugitivos que en la víspera de la caída del castillo (Peytori, Raimon de Mas, Raimon Merier y Pierre Sabatier) se descolgaron por los muros llevando un "tesoro" probablemente transportaban más riquezas y textos religiosos. Garantías de la supervivencia -física y espiritual- del catarismo. En las declaraciones ante la Inquisición, se habla de un tesoro que la "Iglesia de los herejes" tenía escondido en un lugar que sólo ellos sabían en medio de los bosques. Con anterioridad ya se habló de la fortuna que atesoraron los cátaros y lo necesaria que resultó durante la persecución.

En conclusión, cáliz o linaje, no es que los cátaros no custodiaran el Grial. Es que, fuera una cosa u otra, eran los menos indicados para custodiarlo, a la luz de su doctrina.

¿Cuál fue su relación con los templarios?
Partiendo de la falsedad del mito del Grial, el Priorato y demás, ¿qué papel juega el Temple en toda esta historia?
La orden estaba establecida en el Languedoc desde sus primeros momentos. Tenía encomiendas en Carcasona y Buccafel desde 1132 y 1133; en Mas-de-Cours desde 1136; en Piensse desde 1139; en Pamas desde 1138; en Esparaza desde 1140; en Saint Jean de Carrière desde 1153...
Los templarios de procátaros tuvieron poco o nada. Su lealtad hacia la monarquía francesa hizo que durante el reinado de Felipe Augusto (1180-1223) el preceptor de la orden en Francia fuera el tesorero real. Además, el dinero recaudado por la Hacienda Real en concepto de heredades, debía ser declarado en el edificio del Temple en París.
En sus relaciones con el emperador Federico II (que para muchos cátaros fue la última esperanza de oposición a Francia y el Papado), la actitud del Temple fue de seguidismo respecto del Papado. De hecho, cuando Federico recuperó Jerusalén, no le devolvió al Temple sus propiedades en la ciudad. Por su parte, los templarios no asistieron a su coronación como rey de Jerusalén.

Durante la cruzada contra los cátaros, los templarios estuvieron presentes en la toma de Marmande por Luis VIII. Cuando se desencadenó la masacre, no hicieron nada por impedirla (si es que no tomaron parte en ella, claro)
Los templarios tenían en común con los cátaros el interés por el dinero. ¿Ello les convertía en circunstanciales colaboradores o en rivales irreconciliables? ¿Y si las "relaciones secretas" que algunos defienden entre catarismo y Temple no hubieran sido de hermandad esotérica, sino de guerra bancaria subterránea?
Nada parece indicar que los templarios hicieran otra cosa más que permanecer fieles a la Iglesia (de la que eran brazo armado) y por lo tanto, al Papa.

Un último dato: Guillaume de Nogaret, el gran perseguidor de los templarios tenía ascendencia cátara. De hecho, su abuelo había sido quemado por hereje y relapso. ¿Tiene esto algo que ver con la saña que mostró hacia los templarios? ¿Buscaba prestar un gran servicio a la Iglesia que hiciera olvidar su ascendencia? ¿O acaso su familia tenía algún tipo de "cuenta pendiente" con el Temple desde mediados del siglo XIII? ¿Fueron los Nogaret cátaros vengados 70 años después?

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Los cátaros: más acá del mito (IV)

Los cátaros: más acá del mito (IV)

¿En qué consistió la Cruzada?
Cuando Inocencio III ascendió al papado, se inició la ofensiva católica. Desde julio de 1200 se declara que los herejes de Occitania serán poscritos y sus bienes confiscados. Pero la aplicación de estas disposiciones corresponde a los barones, que se hacen los locos. Entonces, la Iglesia decide actuar por sí misma. El Císter, con el legado papal Arnaud Amaury a la cabeza, se encarga de depurar al clero corrupto, incluidos obispos y arzobispos, a los que se culpa de la situación.
La alta nobleza occitana, con Raimundo VI de Tolosa a la cabeza, sigue haciéndose el longuis. En 1206, los cistercienses están desencantados por los escasos resultados de su lucha contra la herejía. Pero en ese mismo año, aparece en escena Diego de Osma, que ofrece una nueva arma para la causa: usar las mismás tácticas que los perfectos, o sea, predicación y probeza. Otro castellano, Domingo de Guzmán, le secunda. Tras la muerte del primero en 1207, continúa la predicación. Logra algunos resultados, haciendo a varios herejes volver al redil católico, pero el sistema exige paciencia. Paciencia que los cistercienses (que esperaban adhesiones en masa) no tienen.
Desde 1204, tras la IV cruzada contra Bizancio, Inocencio III plantea la posibilidad de una cruzada contra los cátaros. El tabú de empuñar la cruz contra otras gentes cristianas ha caído.
El legado papal, Pierre de Castelnau, se entrevista con Raimundo VI. Al negarse éste a perseguir a sus vasallos herejes y a devolver a la Iglesia los bienes confiscados, es excomulgado. El 14 de enero de 1208, Castelnau es asesinado por un escudero del conde. Nunca quedará del todo claro si por orden suya o no. Pero para el Papa y la Iglesia el asesinato es una declaración de guerra.
El 9 de marzo de 1209, Inocencio III proclama la indulgencia de cruzada a todos los que vayan a combatir a los herejes. La oferta es tentadora: Occitania es un país rico y escasamente defendido. El rey de Francia, Felipe Augusto, no toma parte, recelando de la legalidad de dicha cruzada. Arnaud de Amaury asume la jefatura.
Viendo lo que se le viene encima, Raimundo Vi se somete. Su sobrino Raimundo-Roger Trencavel intenta hacer lo propio, pero su sumisión es rechazada, al ser acusado de hereje. Sus tierras son invadidas. Béziers es sometida a un saqueo brutal. Carcasona es entrega y Trencavel es capturado. Muere a los pocos días en la cárcel, de disentería. Sus tierras pasan a uno de los barones de la cruzada, Simon de Montfort, conde de Leicester y señor de dominios a ambos lados del canal de la Mancha.
En 1209, las fortalezas y villas de las montañas resisten. A lo largo de 1210 y 1211 caen en manos de Montfort Bram, Minerve, Termes, Cabaret, Lavarn... conquistas que van acompañadas de la quema de cientos de herejes.
Los cátaros abandonan las ciudades y se dispersan por el campo, buscando el apoyo de los descontentos con los nuevos señores.
Raimundo Vi intenta reconciliarse con la Iglesia. Pero las exigencias papales le dejan cada vez más claro que se busca borrar del mapa a la nobleza occitana y la autonomía de las ciudades. Decide entonces plantar cara: Montfort intenta tomar Tolosa pero fracasa. Pedro II de Aragón entra en escena. Católico y martillo de herejes (mandó a la hoguera a varios de ellos en los últimos años del siglo XII). Señor de buena parte de Occitania. Vencedor de las Navas de Tolosa. Los occitanos cierran filas en torno a él.
Después de un fracasado intento de negociar, el 12 de septiembre de 1213, los aragoneses y occitanos se enfrentan a los cruzados en Muret. Pedro II es derrotado y muerto. Montfort entra en Tolosa.
Mientras, en 1215, Domingo de Guzmán recibe permiso papal para fundar una orden de predicadores, que combatirá la herejía con la palabra. Son los dominicos.
En 1216, Simon de Montfort es reconocido señor de toda Occitania. Raimundo VII, hijo de Raimundo VI, sólo conserva de los dominios de su padre la Provenza. Aunque no era zona cátara sí había resentimiento contra los cruzados. Las ciudades provenzales (Arlés, Aviñón, Marsella...) apoyan a Raimundo VII, que lanza un ataque contra la ciudad de Beaucaire, de donde Montfort logra huir por los pelos.
Su padre, Raimundo VI, reuniendo al sur de los Pirineos un ejército de faidits (caballeros occitanos exiliados) avanza sobre Tolosa. Montfort ve cómo se derrumba su dominio. Perdida Tolosa, intenta recuperarla, pero muere en el asedio (25 de junio de 1218). Los cruzados se habían excedido. Se estaba intentando hacer desaparecer a la nobleza local, imponiendo usos y costumbres de origen septentrional (Estatutos de Pamiers) como la primogenitura, para evitar la atomización de los señoríos.
Honorio III, sucesor de Inocencio III, pide al rey de Francia tropas para poner fin al contraataque occitano. Las envía a las órdenes de su hijo Luis, futuro Luis VIII. Este ejército saquea de manera brutal Marmande, pero fracasa ante Tolosa y se retira. En 1222, Raimundo VI muere. Los faidits van regresando poco a poco, incluido Raimundo Trencavel, hijo del infortunado Raimundo-Roger, quien recupera Carcasona. Es la hora de la venganza. Los antiguos cruzados y sus colaboradores son pasados a cuchillo.
Entre 1220 y 1230, el catarismo conoce una nueva primavera. Obispos y diáconos cátaros reaparecen por doquier. Se vuelven a celebrar reuniones y coloquios con teólogos católicos. Sin embargo, a pesar de las simpatías populares hacia los cátaros, no se produce una adhesión en masa.
Luis VIII prepara una nueva cruzada en 1226. Varios territorios son conquistados, los dominios confiscados a los herejes pasan al rey, quien fallece poco después. Aún hay tres años más de guerra. Occitania está agotada. El Papa prohíbe el acceso de los comerciantes occitanos a las ferias de Champaña. En las ciudades, los partidos consulares partidarios de la paz se imponen a los partidarios de la resistencia. Todo esto concluye en la Paz de Meaux (12 de abril de 1229), más una capitulación de Raimundo VII que otra cosa. Tiene que entregar casi todas sus tierras al rey de Francia y a la Iglesia. Su hija se debe casar con un hermano del rey. Sus dominios se desmilitarizan y debe pagar una fuerte indemnización y comprometerse a perseguir a los herejes.
En 1229 se celebra un concilio en Tolosa, que redunda en el control jurídico de la Occitania, marcando corto a sus señores y ciudades, prohibiendo su asociación en ligas y comunas y perfilando las técnicas y procedimientos para perseguir y juzgar herejes.
En 1234, el Papa encarga a los dominicos la persecución de los cátaros. Ha nacido la Inquisición, cuyos interrogatorios e investigaciones no irán acompañados por la tortura a manos del brazo secular hasta 1260.
Los procesos son terribles. Incluso se exhuman cadáveres. Ello desencadena una reacción muy violenta contra los inquisidores, sobre todo en Tolosa.
La jerarquía cátara empieza a emigrar al norte de Italia. El dinero cátaro se vuelve más útil que nunca: pagar pasadores, comprar silencios, buscar apoyos, contratar hombres de armas que los protejan...
En 1237, la situación da un vuelco. Luis IX tiene problemas con Enrique III de Inglaterra. Y en Italia, las ciudades lombardas han sido vencidas por el emperador Federico II, lo que pone al Papa contra las cuerdas.
Los señores occitanos llevan a cabo su último esfuerzo. Raimundo VII navega entre dos aguas, entre el Papa y el emperador, recuperando parte de sus tierras y refortificándolas. Raimundo Trencavel entra de nuevo en escena, tomando el burgo de Carcasona (pero no la Cité) y algunas fortalezas. 33 sacerdotes son asesinados. Pero no da más de sí. No es capaz de seguir el avance. Y Raimundo no le apoya. Trencavel se retira, comenzando de nuevo la represión en Carcasona.
En 1241, Raimundo prepara una rebelión contra Francia con el apoyo de los señores de Foix, Armañac, Cominges, Rodez y el rey de Aragón. La rebelión irá coordinada con un desembarco de Enrique III de Inglaterra en Francia.
El 28 d emayo de 1242, Pierre-Roger de Mirepoix, comandante de la fortaleza de Montségur, al mando de 50 hombres, asesina en Avignonet a los inquisidores de Tolosa. Raimundo VII pasa al ataque... en vano. Enrique III es rápidamente derrotado por Luis IX, Jaime I de Aragón se inhibe en el último momento, varios señores -como el de Foix- se pasan al bando francés. Raimundo se queda solo en cuestión de pocas semanas. Pide la paz, que Luis IX le concede. Se firma en Lorris, en enero de 1243. Raimundo deja manos libres a los franceses para que tomen los últimos núcleos rebeldes.
En junio de 1243 se pone cerco a Montségur. El asedio dura hasta el 1 de marzo de 1244, en que se establece en margen de 15 días para la capitulación. A los defensores se les perdona la vida, previo interrogatorio de la inquisición. A los cátaros que abjuren, también. Ningún perfecto abjura. Todos -unos 200- son quemados en lo que, desde entonces, se llama el "Prat dels Cremats".
CURIOSIDAD SOBRE EL MONTSÉGUR: la fortaleza, a pesar de no resultar muy dañada, fue reconstruida dos años después por Guy de Levis. De ahí procede su aspecto actual (y de la reconstrucción de las murallas iniciada en los años 70 del siglo XX). A pesar del tópico, el Montségur de hoy no es el Montségur de los cátaros, tomado en 1244. Quedan así invalidadas las teorías de Ferdinand Niel que en los años 50 establecía sobre el plano de la fortaleza una serie de alineaciones astronómicas que atribuía a un culto religioso de carácter solar.

Aún resistió alguna fortaleza más. La última, Quéribus, cayó en 1255.

¿Qué pasó después?
Raimundo VII murió en 1249, después de mostrar un especial celo anticátaro en sus últimos años. Sin descendencia masculina, sus tierras pasaron a un hermano del rey de Francia.
A partir de 1255, la inquisición mostró una eficacia temible. Los delatores proliferaron. El éxodo cátaro hacia Italia fue en aumento. Luis IX, a través de una inteligente política de perdón, compensaciones económicas y promoción en la administración real, se atrajo a las familias nobles que habían luchado contra franceses y cruzados.
Luis IX se aseguró que los dominios occitanos fueran controlados por la Casa de Francia. Contrariamente a sus expectativas, la Iglesia no obtuvo excesivas compensaciones. Muchos obispos e incluso el Papa reconocieron que la Iglesia había estado trabajando en buena medida para la Casa de Francia, más que para el catolicismo. El futuro san Luis les había arrebatado la parte del león delante de sus narices.
Entre 1260 y 1285, el perfecto Guillaume Pagés predica en algunas zonas. Entre 1295 y 1309, Pierre Auhié hace lo propio, pero acaba en la hoguera. También Guillaume Bélibaste, último perfecto, de la zona de Montaillou, quien es quemado en 1321. En 1329, se queman en Carcasona a tres "creyentes" relapsos (es decir, que habían abandonado el catarismo, se habían convertido al catolicismo, pero habían vuelto a practicar el catarismo). Son los últimos mártires del catarismo. En 1350, el catarismo occitano puede darse por desaparecido.
En esa desaparición jugará un importante papel la nueva posición de la Iglesia católica. Las órdenes como los franciscanos y los dominicos suponían una adaptación a la nueva realidad. Las ciudades ya no eran Babilonia. Los dominicos hablan en sus prédicas de cristianismo y mercantilismo; los franciscanos se dirigen de manera clara y comprensible a las gentes sencillas. Llega una hornada de sacerdotes y obispos mejor preparados que sus predecesores.
Ni las ciudades ni los comerciantes son diabólicos ahora. Se ha entendido la necesidad de explicar a los "simples" el Evangelio, para disipar sus dudas. La iglesia, tras un baño de sangre, se subía al tren de la Historia con casi dos siglos de retraso.

De Makedonía a Makedonija

De Makedonía a Makedonija

El estreno de la última película de Oliver Stone está poniendo de moda las andanzas de Alejandro Magno. Ya estamos inmersos en la marea de libros, documentales, artículos de prensa, etc... que nos recuerdan las hazañas del famoso rey macedonio. Por eso, el presente post no va a tratar de las campañas de Alejandro, sino de su país, con una curiosa y contradictoria historia. Una Macedonia que desde hace poco más de una década, volvió a ser independiente después de más de 2000 años.

Macedonia (del griego Makedonía, a su vez de "makednós"=alto), estuvo poblada en sus orígenes por gentes indoeuropeas no griegas. De su idioma nos quedan unos pocos restos que se cuentan con los dedos de las manos. Insuficientes para tener una idea más o menos clara sobre cómo era su lengua. A través de textos griegos, conocemos algunos nombre propios y palabras como adé "cielo", y abrunges "las cejas". Probablemente, el macedonio estaba emparantado con otras lenguas indoeuropeas balcánicas como el peonio, el tracio o el ilirio.
En el siglo V a. C. Macedonia ya es un reino unificado y en mayor o menor medida helenizado. El núcleo de dicho reino no se correspondería con la actual Macedonia independiente, sino con la Macedonia griega (la capital, Pella; la necrópolis real, Vergina...) Los macedonios combatieron al lado de los persas en las Guerras Médicas y de los espartanos en las del Peloponeso.
Pero es a mediados del siglo IV a. C., con Filipo II, cuando Macedonia irrumpe como potencia: sus fronteras se amplían en todas las direcciones. El reino se extiende desde Albania hasta el Mar Negro, y desde el Danubio a las Termópilas. Filipo intenta unificar Grecia bajo su mando. Algunos griegos apoyan la idea. Otros, con el ateniense Demóstenes a la cabeza, la rechazan. Alegan que, de hecho, Filipo ni siquiera es griego.
Tenemos aquí un caso curioso: los macedonios se consideran a sí mismos griegos, pero los griegos no los tienen por tales. De hecho, ni siquera los invitan a los juegos olímpicos. Como algún autor ha señalado, esta posición recuerda a lo que sucede hoy en día entre los turcos y buena parte de los europeos, al respecto de la supuesta europeidad de los primeros.
Filipo derrota a sus oponentes en Queronea (338) poniendo así toda Grecia a sus pies. A su muerte, le sucede su hijo Alejandro (cuyas hazañas exceden el objeto de este post). A la muerte de Alejandro, Macedonia se involucra en las luchas intestinas de los reinos y polis griegas, hasta que a mediados del siglo II a. C., después de sufrir grandes derrotas como la de Pidna, queda convertida en provincia romana.
En los siglos III y IV sufre las invasiones godas. En el siglo VI, es parte del imperio bizantino. Y es entonces cuando se produce otro acontecimiento decisivo: llegan los eslavos.
Después de tímidos intentos en el siglo V, entre el 548 y el 620, los eslavos se expanden por los balcanes, obligando a los bizantinos a replegarse a las zonas costeras. Macedonia también sufre las invasiones. La población autóctona se fusiona con los recién llegados, que imponen su lengua. Algunas tradiciones y rasgos culturales sobreviven, pero nadie duda que Macedonia pasa a ser un país eslavo. Desde Tesalia hasta las fuentes del río Vardar y desde Albania hasta las estribaciones occidentales de los montes Ródope, se va fraguando una nueva nación, que conserva la denominación ancestral del territorio: Macedonia.
A fines del siglo VII, Justiniano II recupera para Bizancio el control de la zona. Los eslavomacedonios son paulatinamente cristianizados: se fundan monasterios y obispados por doquier. Tras el cisma de Occidente, los macedonios pasan a formar parte de la cristiandad ortodoxa.
En el siglo X, la mayor parte de Macedonia había pasado a ser parte del imperio búlgaro. De hecho, la región se convirtió en uno de los núcleos de dicho imperio. Se inicia entonces un período de casi tres siglos y medio en el que el país pasa de manera intermitente del dominio búlgaro al bizantino y viceversa.
A mediados del siglo XIV, Macedonia es conquistada por Serbia, cuyo zar, Stefan Dushan, coronado con el nombre de Uros IV, funda la ciudad de Skopje, a la que convierte en capital de su reino. La situación dura poco. El siglo XIV termina con Macedonia incorporada al imperio otomano.

Después de casi 500 años de dominio turco, a finales del siglo XIX va despertando un incipiente sentimiento nacional macedonio. El Congreso de Berlín (1878) sanciona la independencia de varias naciones balcánicas (Serbia, Rumanía, Bulgaria) lo que dá más alas a los macedonios, que crean un grupo de resistencia, la Organización Revolucionaria Interna de Macedonia (Vnatnesna Makedonska Revolucionara Organizacija- VMRO)
La VMRO protagoniza un levantamiento armado en 1902, proclamando la República de Krusevo. Tras meses de combates, los turcos ahogan en sangre la rebelión.
Los intereses de Macedonia no eran los mismos que sus vecinos. Los macedonios querían crear un estado que choca con las aspiraciones de Serbia, Bulgaria y Grecia, que tienen sus propios planes para la zona.
Grecia: cree que la única Macedonia es la griega. Rechaza un nacionalismo macedonia que ansía territorios que considera propios por derechos históricos.
Serbia: los macedonios son, más o menos, serbios o serbios "bulgarizados", dice el gobierno de Belgrado. Ansía la mayor parte de Macedonia.
Bulgaria: conforme con la gran Macedonia, con una salvedad; para Bulgaria, los macedonios son búlgaros, por lo tanto esa Macedonia tendrá que incorporarse a Bulgaria en su totalidad.
Entre 1889 y 1900, los tres países establecen un censo étnico de una Macedonia que aún no les pertenece, pero que ansían dominar cuando el imperio turco salte en pedazos. Compárense los datos de los tres censos:

Población total: censo serbio-2.2880.420; censo búlgaro-2.248.274; censo griego-1.820.000.
Turcos: cs-231.400; cb-489.664;cg-576.000.
Búlgaros: cs-57.600; cb-1.184.036; cg- sin datos.
Serbios: cs-2.048.320; cb-700 (¡!); cg- sin datos.
Griegos: cs-201.240; cb-225.152; cg-656.300.
Macedonios: serbios y búlgaros no recogen esa opción; cg- 454.700.
Albaneses: cs-165.620; cb-124.211; cg- sin datos.
Válacos: cs-74.465; cb-77.267; cg-41.200.
Otros: cs-101.875; cb-147.244; cg-91.700.
Puede observarse que cada país manipula los datos tal como le place. Obsérvese que los serbios y búlgaros incluyen en sus comunidades nacionales a los macedonios, que no son considerados en sus censos.
Y en la cartografía, idem. Compárese este mapa étnico de Macedonia desde la perspectiva serbia y compárese con la búlgara.
En 1912 estallan las llamadas Guerras Balcánicas, que finiquitan el imperio turco en Europa. Pero Serbia y Grecia no están de acuerdo con las nuevas fronteras, que le daban la mayor parte de Macedonia a Bulgaria. De ese modo, serbios y griegos se alían con turcos y rumanos y la despojan de la mayor parte de sus conquistas.
De lo que debía conformar la Gran Macedonia, Grecia se apodera de 35.000 kms. cuadrados, Serbia de 25.000, y Bulgaria de apenas 6.700. El fin de la I Guerra Mundial sólo introdujo una leve modificación en los límites de la zona búlgara en favor de Serbia.

Serbia, transformada en Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos, posteriormente Yugoslavia, no admitía en su Constitución de 1921 la existencia de un pueblo macedonio. Ello desató una campaña terrorista por parte de la VMRO. Entre 1919 y 1937, más de 3.000 atentados llevan su firma. El más famoso, aquel en el que -en colaboración con los nacionalistas croatas de extrema derecha de la Udstacha- asesinaron al rey Alejandro I de Yugoslavia y al ministro francés de Asuntos Exteriores en Marsella, en 1934.
No sólo Serbia, sino también Grecia y Bulgaria, iniciaron varias campañas de homogeneización y asimilación cultural. Entre 1920 y 1925, en los intercambios de minorías llevados a cabo entre Turquía, Grecia y Bulgaria, fruto de los reajustes territoriales posteriores a la I Guerra Mundial, los griegos expulsaron de la Macedonia Griega a miles de macedonios eslavos, considerados "búlgaros", y los deportaron a dicho país.

Tras la invasión nazi de 1941, Yugoslavia fue borrada del mapa. La Macedonia yugoslava fue repartida entre la Albania controlada por Italia y la Bulgaria aliada del Eje.
El que los alemanes no apostaran por una Macedonia independiente, les privó de la colaboración de los nacionalistas macedonios (a diferencia de lo sucedido con los croatas). Por otro lado, la represión de los búlgaros, eliminó buena parte de las simpatías que Bulgaria inspiraba entre los macedonios yugoslavos.

Tras la guerra, Tito creó una nueva Yugoslavia, socialista y federal, en la que Macedonia se convirtió en una república propia, separada de Serbia (alqo que los nacionalistas serbios nunca le perdonarían la mariscal). Él y el líder búlgaro, Dimitrov intentaron jugar la baza nacionalista: unir las Macedonias yugoslava y búlgara en un estado independiente, al que se uniría la griega, en su mayoría en manos de las guerrillas comunistas. Una Macedonia independiente, pero tutelada por Belgrado y Sofía, que sirviera al bloque comunista de salida al Mediterráneo.
Pero el hecho de que en el "reparto de Europa" de Yalta y Potsdam, Stalin hubiese reconocido a Grecia como parte del "bloque occidental", y la derrota de la guerrilla comunista a manos del gobierno griego, pusieron fin a ese plan.
El gobierno griego aprovechó para asimilar o expulsar a la mayoría de los eslavomacedonios que aún quedaban en la Macedonia griega.
Por su parte, Tito, en un intento de mantener el equilibrio entre las repúblicas yugoslavas, siguió apostando por desvincular a Macedonia de Serbia, y facilitó la creación de un patriarcado ortodoxo macedónico, separado del serbio. La iglesia ortodoxa serbia no lo aceptó y excomulgó a los obispos macedonios en 1967.
Con la muerte de Tito, los años 80 se convierten en la última década de vida de Yugoslavia.
En agosto de 1990, la policía y los nacionalistas serbios disolvieron una concentración de nacionalistas macedonios en el monasterio de San Prohor, en el sur de Serbia.
Siguiendo la vía abierta por Eslovenia, Croacia y Bosnia, Macedonia convoca un referéndum sobre su soberanía en 1991. El 72% del electorado votó "Sí". El 9 de septiembre se declara la soberanía de la república. El nuevo presidente, el ex-comunista Kiro Gligorov, proclama la independencia el 15 de julio de 1992.

El nuevo estado se tiene que enfrentar a varios problemas:
-Bulgaria lo reconoce; pero no a la nación macedonia, a la que considera una rama de la búlgara.
-La nueva Yugoslavia no interviene militarmente y también acaba reconociendo la independencia, pero Serbia sigue controlando en buena medida la economía del país.
-Grecia mueve todos los hilos que puede para que la nueva Macedonia no sea reconocida por la Unión Europea.
¿A qué se debía esta postura griega?

a) Atenas se negaba a que el nuevo país se llamara "Macedonia" (Makedonija, léase "Makedónia") oficialmente, denominación que se consideraba exclusivamente griega.
b) Atenas se negaba a que Macedonia usara como bandera la del sol de Vergina , que rememoraba el estandarte de la Macedonia clásica., y que Grecia consideraba propio.
c) Atenas se negaba a que en las nuevas monedas macedonias apareciera la representación de la Torre Blanca de Tesalónica, ciudad griega pero considerada la "capital" de la Gran Macedonia.

El gobierno macedonio tuvo que ceder ante Grecia:
-La denominación oficial del país tuvo que ser "Antigua República Yugoslava de Macedonia" (en inglésFormer Yugoslavian Republic of Macedonia, de donde el acróstico FYROM por la que es denominada a veces)
-Adoptó una nueva bandera. A pesar del nuevo diseño -que inevitablemente tenía un aire nipón- se mantenía el simbolismo solar, aunque ya no era tan semejante al estandarte de Vergina.
-El preámbulo de su constitución renuncia a cualquier expansión territorial.
Con mayores o menores recelos, se solucionó la cuestión con sus vecinos. Pero entonces, empezaron los problemas internos.
De todas las minorías de Macedonia los albaneses son los más numerosos, siendo alrededor del 22% de la población de la república. A lo largo de los años 90, la comunidad internacional auspición en dos ocasiones la elaboración de un censo étnico en el país, que los albaneses boicotearon alegando que ellos realmente eran el 35% o incluso el 40%.
Durante la guerra de Kosovo, hubo miedo a un efecto contagio, y que los albanomacedonios también se levantaran en armas. A pesar de la tensión y de la avalancha de refugiados, la situación se controló.
Pero en agosto de 2001, una guerrilla albanesa empezó a actuar en el noroeste del país, extendiendo sus acciones a los alrededores de la propia capital, Skopje. Había fundados temores de que detrás de ella estaba el nacionalismo radical albanokosovar. El gobierno, incapaz de derrotarla, firmó un acuerdo que suponía la promesa de más autonomía lingüística, cultural y administrativa, y un aumento de la presencia de albaneses en la Administración, la policía, etc.

La Macedonia de hoy, así, se enfrenta a varios problemas:
1-Las relaciones con sus vecinos no acaban de normalizarse del todo. En los cuatro países que rodean a Macedonia (Serbia, Albania, Grecia y Bulgaria) hay sectores que desearian la anexión de todo o parte del país. Y con excepción de Albania, los demás siguen teniendo un peso importante en el funcionamiento de la economía macedonia.
2-La minoría albanesa: plantea muchos conflictos, a pesar de que los partidos albaneses moderados siempre han sido -y siguen siendo- parte de las sucesivas coaliciones de gobierno. Cada vez son más los albaneses de Macedonia que desean la independencia y su integración en Albania. Otros, en cambio, propugnan una "vía belga": que Macedonia deje de ser el estado de los macedonios y minorías incluidos los albaneses, y pase a ser el estado de los macedonios y los albaneses (a modo de flamencos y valones) y minorías. Es desde esta perspectiva desde la que hay que entender los intentos albaneses de inflar su presencia en el censo de un 22% a un 40%.
Por otro lado, el limbo jurídico en el que se encuentra Kosovo, y el vacío de poder e institucional que se vive en él, hace que esa región sirva de base de apoyo, por parte de mafias y grupos radicales, para cualquier manifestación presente o futura en Macedonia de nacionalismo albanés radicalizado.
3-Los propios macedonios: la Macedonia de hoy sólo es el 40% de la "Gran Macedonia". La mayoría de la gente sueña con ella, aunque la "realpolitik" no impulsa a políticos y periodistas a mencionarla. Supondría el cierre de las puertas de la Unión Europea, y la presencia eslavomacedonia en Grecia hoy por hoy es mínima. Por otro lado, los sucesos del verano del 2001 pusieron fin a una convivencia, si no armoniosa, al menos pacífica, con la minoría albanesa. Cada vez en mayor medida, los macedonios perciben a los albaneses como una minoría peligrosa, potencialmente separatista. Y no olvidan que la paulatina autonomía y reconocimiento del que van gozando es fruto de un acuerdo arrancado por una guerrilla sostenida desde fuera (Kosovo) que el gobierno de Skopje fue incapaz de vencer.
Por otro lado, a día de hoy hay un debate muy intenso sobre la propia identidad de Macedonia. A pesar de que históricamente sea difícilmente defendible, se insiste en reducir al mínimo el elemento eslavo en la cultura macedonia, intentando demostrar una línea de descendencia directa de los macedonios modernos respecto de los macedonios de la Antigüedad. Este argumento refuerza a su vez las tesis granmacedónicas, toda vez que ya no es necesario echar mano de la presencia o no de población eslavoparlante para reivindicar la Macedonia griega.

Para conocer las instituciones, organismos, partidos políticos, etc, de la República de Macedonia, pinchad aquí.

La frágil memoria de los pueblos

Este artículo rompe un poco la tónica de los precedentes.
No se trata de una más o menos documentada exposición sobre un episodio histórico, sino una pequeña reflexión sobre lo frágil que es la memoria de los colectivos humanos. Para ello, voy a plantear dos ejemplos que, personalmente, considero llamativos:
En mayo de 1589, A Coruña fue atacada por los ingleses, al mando de sir Francis Drake; después de días de asedio, los ingleses tuvieron que abandonar la ciudad, incapaces de tomarla. En la defensa se distingue María Mayor Fernández de la Cámara Pita, "María Pita".
En enero de 1809, vuelven los ingleses, pero ahora como aliados. El cuerpo expedicionario británico, al mando de sir John Moore llega a la ciudad para ser evacuado por la Royal Navy, perseguido por las tropas francesas del mariscal Soult. En la batalla librada en Elviña, en los alrededores de la ciudad, Moore muere, y es enterrado en la ciudad. Su tumba aún se puede visitar hoy en día, en los jardines de San Carlos.
Pues bien, de manera casi sistemática, los coruñeses tienden a confundir ambos eventos. La mayoría de la población mete en el mismo saco a María Pita y al "inglés que está enterrado en San Carlos". Durante las recreaciones de la batalla de Elviña que se celebran en verano, un servidor ha podido oír a muchos espectadores preguntares "¿Cuándo aparece María Pita?".

¿Y todo esto qué significa? se puede preguntar alguno. Pues eso, la frágil memoria de los pueblos. Estamos hablando de acontecimientos de hace dos y cuatro siglos, cuando ya había escritura... y sin embargo, las gentes del lugar se hacen un lío. A tenor de esto, me pregunto: cuando consultamos fuentes antiguas -considérense tales desde historiadores de la Grecia clásica hasta los libros del Antiguo Testamento- y en ellas se nos hablan de hechos acaecidos muchos siglos atrás, cuando ni siquiera esos pueblos tenían sistema de escritura o no estaba al alcance de todos ¿qué fiabilidad le podemos dar? ¿Acaso no es posible que las personas del pasado se confundieran y mezclaran hechos diferentes o dividieran hechos únicos, tal como hacen buena parte de los coruñeses de hoy?

Esta reflexión podría aplicarse a aquellos que no tienen empacho en echar mano de la tradición oral como base para admitir la veracidad de una historia. Cada vez que me topo con algo así, inevitablemente pienso en la confusión de mis paisanos. Imaginémonos a un coruñés medio, con un nivel cultural medio-bajo ¿qué visión de la batalla de Elviña y del ataque de 1589 puede tener? Por lo dicho, ante todo, la referencia de que fue un mismo acontecimiento.
¿Cuántos pueblos del pasado no habrán cometido esos mismos errores, perpetuados en sus tradiciones orales, tradiciones recogidas por historiadores antiguos, y que hoy aceptamos -a falta de otras- como fuentes más o menos fiables?

El otro ejemplo de flaca memoria histórica puede resultaros más familiar: el famoso referéndum de la OTAN. A raíz del próximo referéndum sobre la Constitución Europea, uno ya ha escuchado que "es igual; aunque gane el no, nos meterán igual, como hicieron con la OTAN".
En efecto, a lo largo de los años, me he topado con varias personas que defienden la leyenda urbana -creo que podemos considerarla tal- de que ganó el no a la OTAN.
Pues bien, el referéndum, que no iba sobre la entrada en la OTAN, sino sobre la permanencia, ya que la entrada se había producido con la UCD, tuvo los siguientes resultados:

Censo: 29.025.494 personas.
Votos emitidos: 17.246.458 (59,42% del censo)
Sí: 9.054.509 (52.49%)
No: 6.872.421
Blanco: 1.127.673
Nulos: 191.855

Es decir, tenemos aquí otro ejemplo de cómo la memoria de un colectivo (¿o la desinformación?) puede fallar.

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