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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005. 03/01/2005Año nuevo, portada nueva.Comienza el año 2005 (no, no voy a hacer la rima...) y a pesar del poco tiempo de vida del blog, he decidido cambiar la imagen de portada. El paisaje nevado bávaro, con el castillo de Neuschwanstein, ha sido sustituido por el cuadro que se puede observar, y que es uno de mis favoritos. Se trata de "El viajero contemplando el mar de nubes", de Caspar David Friedrich (1774-1840) El cuadro, que se puede contemplar en el Kunsthalle de Hamburgo, creo que se ajusta bastante bien a la etapa que se inicia; tenemos todo un nuevo año por delante. Un nuevo año que, como el paisaje ante el caminante, se abre ante nuestros ojos. Pasadas las fiestas, comilonas (y resacas) de Nochebuena y Nochevieja, llega el momento de poner un pie delante del otro y comenzar la andadura. Alguno pensará que todo esto es palabrería tópica. Y es cierto. Hoy por hoy, en las sociedades industriales posagrarias, el "verdadero año", a causa de nuestro ritmo de vida, no es el que va de enero a diciembre, sino el que va desde el final de las vacaciones de verano hasta el inicio de las siguientes... Pero a pesar de ello, la cronología sigue mandando, y seguimos sometidos a la dictadura del calendario. La sensación que tenemos en enero de comenzar algo nuevo, no la tenemos en septiembre, donde -si acaso- tenemos la sensación de acabar algo. ¿Qué nos deparará el nuevo año? Al igual que el paisaje del cuadro, sólo podemos vislumbrar retazos. Todo lo demás, oculto por las nubes, sólo se irá desvelando según vayamos avanzando. Que el año entrante nos sea propicio a todos. 03/01/2005 16:17 Enlace permanente. Hay 1 comentario. 04/01/2005¿La voz "celta" es celta? Sí, sí... al que no le interesen este tipo de temas, le puede parecer que el blog va un poco cargadito sobre ellos. Lo que sucede es que un servidor frecuenta desde hace bastante tiempo Celtiberia y envía de cuando en cuando algún articulillo relativo a los asuntos que en esa santa página se tratan. El caso es que teniendo ahora mi propio blog, he decidido colgar aquí alguno de esos artículos que tenía "en el horno".El presente post, como su título indica, se va a centrar en cuál es el origen exacto de la palabra "Celta". Una voz que designa a una civilización que en su momento se extendió desde Irlanda y la Península Ibérica hasta los Balcanes y el Asia Menor. Pero, ¿realmente es eso lo que queremos decir cuando hablamos de "celtas"? Como señala Colin Renfrew, podríamos establecer al menos ocho significados para el término "celta", teniendo en cuenta su uso habitual: 1.-Pueblos llamados celtas por los griegos y romanos. 2.-Pueblos que se autodenominaron celtas. 3.-Conjunto de lenguas agrupadas en una familia llamada "celta". 4.-Un determinado complejo que agrupa a varias culturas arqueológicamente definidas, de la Europa centro-occidental. 5.-Un estilo artístico. 6.-Un tipo de "espíritu" (marcial, independiente) que caracterizaría a estos pueblos, según loa autores clásicos. 7.-El arte (y la iglesia) propios de determinadas zonas de las islas Británicas en el primer milenio de nuestra era. 8.-Rasgos y cualidades que caracterizarían a algunos pueblos actuales, y que, supuestamente, derivarían de un pasado celta (lo que comúnmente se llama "herencia celta"). Vamos a detenernos en los puntos 1 y 2 para responder a nuestra pregunta: ¿realmente la voz celta es celta? ¿alguna vez los celtas se llamaron celtas a sí mismos? Las referencias más antiguas a esta palabra se encuentran en obras de mediados del primer milenio a. C. aunque aparecen recogidas mil años después: una es la Ora Marítimca, de Rufo Festo Avieno, del siglo IV de nuestra era, pero que -al parecer- está basada en datos recogidos de un periplo del siglo VI a. C.; en ella, se habla de los celtas como un pueblo que mora en los confinas noroccidentales de Europa, y que han desplazado de su emplazamiento original a los ligures. En una obra del siglo VI de nuestra era se recoge una cita de Hecateo de Mileto, del siglo VI a. C., en la que se dice que Massalia (Marsella) está ubicada en la Liguria, al sur de la Céltica. (Massalía, pólis tés Ligystikés katá tén Keltikén). En el siglo V a. C., Herodoto vuelve a hablar de los celtas: al referirse al río Istro (=Danubio), dice de él: "este río, como es sabido, nace en la ciudad de Pirene, en el país de los celtas, y en su curso, divide Europa por la mitad. Los celtas, por cierto, están más allá de las Columnas de Hércules y limitan con los cinetes, que son, de todos los pueblos establecidos en Europa, los que habitan las zonas más occidentales". Por ahora, en torno al 400 a. C., las referencias a los celtas son vagas e imprecisas; son los habitantes de los confines del Occidente, más allá de las Columnas de Hércules, y en sus tierras se encuentran las fuentes del Danubio. Por contacto, sólo los conocen como habitantes de los alrededores de la colonia griega de Marsella. En el siglo IV, esta descripción un tanto imprecisa se mantiene. Para Éforo, los celtas sólo son uno de los pueblos bárbaros que moran en la periferia de las cuatro partes del mundo, alrededor de Grecia: libios al sur, persas al este, escitas al norte y celtas al oeste. En los tres siglos siguientes, abundan los autores que se refieren a los celtas: Eratóstenes, Apolonio de Rodas, Polibio, Posidoni (cuyos datos se conservan a través de Estrabón y Diodoro de Sicilia). Incluso, en el siglo II a. C., en un texto hebreo, "El libro de los Jubileos", apócrifo del Antiguo Testamento, al referirse a la descendencia europea de Jafet, se habla de unos montes de Qilt, que algunos, como García y Bellido, identifican con los Alpes, estableciendo la correspondencia Qilt=Kelt. Pero a estas alturas, aún no queda claro cuál es el origen de la voz "celta": ¿es un invento griego? ¿es una voz indígena? ¿es la adaptación de una voz indígena a la fonética griega? Por fin, Julio César nos empieza a poner sobre la pista: sus Comentarios a la Guerra de las Galias comienzan diciendo "Toda la Galia está dividida en tres partes, una de las cuales la habitan los belgas, otra los aquitanos y una tercera un pueblo llamado en su propia lengua celtas, y en latín galos". Aquí ya nos topamos con una clave: celta sería la voz indígena, y galo su equivalente latino. Sin embargo, pocos años después, Estrabón dice en su Geografía: "Esto es todo cuanto tenemos que decir sobre los habitantes de la provincia Narbonense, los llamados antiguamente celtas (keltai/celtae) y creo que por su renombre han contribuido a que los griegos llamemos celtas (keltoi/celti) a todos los galos (galatai) a menos que haya influido también en ello la proximidad de los masaliotas" (IV,1,14) Y Diodoro, citando a Posidonio afirma: "se llama celtas (keltoi) a los pueblos que habitan encima de Marsella, en el interior del país, cerca de los Alpes y a este lado de los Pirineos. A los que están establecidos encima de la Céltica en las partes que se extienden hacia el norte, por toda la costa del Océano bordeando los montes Hercinianos, y a todos los pueblos que se extienden desde allí hasta la Escitia, se les conoce como galos (galatai). Sin embargo, los romanos, que incluyen a todos estos pueblos bajo una denominación común, los llaman a todos ellos galos (galatai)"(V, 32). Así pues tenemos: -Para César, celta es el nombre que se dan a sí mismos los celtas, y galo su traducción al latín. -Para Estrabón, los celtas son los que viven en la Narbonense, extendiéndose su nombre para designar a todos los galos, bien por su fama, bien por influencia massaliota. -Para Posidonio/Diodoro, son celtas los que viven de los Pirineos a la Galia Central y galos, los que están más al norte, aunque los romanos llaman galos a todos ellos. Tito Livio retoma la descripción cesariana y considera la Céltica como toda la zona entre el Sena y el Garona. Como se puede ver, hay un llamativo contraste entre las fuentes. Lo único que queda claro es que César es el único que afirma el carácter indígena de la voz "celta"; expresa o implícitamente, nadie considera "galo" voz indígena. En el resto de los territorios celtas, no hay referencias prerromanas que nos remitan al nombre "celta". Tomemos como ejemplo las islas británicas. Allí tampoco existen esos indicios. Pero para complicar las cosas más, Estrabón dice que los britanos son más altos que los celtas (IV,5,2) y César (V, 12) afirma que aunque las costas orientales están pobladas por gentes de origen belga, procedente de las Galias, el resto de la población se considera a sí misma autóctona. No parecen defender el carácter "pancéltico" britano-galo. ¿Y en la inefable Irlanda? Tampoco nos consta la voz "celta". El primer impulso sería establecer la ecuación gaélico=galo. Sin embargo, obsérvese el hecho de que los autores clásicos nunca mencionan galo como palabra indígena, y -de hecho- algunos la llegan a considerar adaptación latina de la voz celta original. El significado de la posible raíz primigenia *gal- ya fue tratado en el post "Galia=Galicia=Gales. Pues no...". Además Francisco Marco Simón llama la atención sobre el hecho de que en el "Táin Bó Cuailnge", se habla de unos "galiain" o "galiuin" que serían equivalentes a "galos" Por lo tanto, los irlandeses establecerían una diferencia entre su nombre y el de los continentales. Hasta ahora hemos diferenciado entre celta y galo-gálata. ¿Es descabellado pensar en un origen común para ambas palabras? la /k/ y la /g/ son sonidos guturales; tal vez una posible vacilación se encargó de la evolución, y la /t/, si bien desaparece en galo, no lo hace en gálata. La Península Ibérica no nos soluciona nada tampoco; al margen de los celtíberos, nombre también debido a los autores griegos y romanos, hay unos "celtici" en el suroeste peninsular. Algunos creen que esos serían los celtas que mencionaba Herodoto, de modo que la cita perdería su vaguedad geográfica y se referiría en concreto a un territorio muy preciso. Estrabón (III, 3,5) hace emigrar a estos celtici al noroeste, ubicándolos en los alrededores del Promontorio Nerio (¿Cabo Touriñán o Finisterre?). En esa zona del occidente coruñés, se ubican varios pueblos: los nerios, los prestamarcos y los supertamarcos. Se podrían añadir tal vez los ártabros, que Pomponio Mela considera celtas, aunque Estrabón no. Conocemos varias inscripciones de la época romana, sobre todo en Lugo y Astorga, donde se habla de "Celtici Supertamarici" o de "Celtica Supertamarica". Sin embargo, tales textos nos confirman que la denominación se usaba tras la conquista. No son una prueba clara de que también se llamaran celtas antes de la llegada de los romanos. Parece ser fruto de una denominación de los conquistadores, a quienes esos pueblos se les antojaban como celtas (o parecidos a los celtas), a diferencia, dicho sea de paso, de los demás pueblos galaicos... Por lo tanto, podemos ir concluyendo: 1-Con toda seguridad, los celtas nunca tuvieron una denominación colectiva (desde Irlanda al Asia Menor) para sí mismos. De hecho, muchos pueblos "celtas" ignoraban la existencia de otros (¿cuántos escotos gaélicos conocerían la existencia del Danubio o del Asia Menor? 2-Esa denominación nos ha sido legada por los autores clásicos. 3-Cabe la posibilidad de que "celta" fuera la denominación de un pueblo que vivía cerca de Marsella, que los griegos usaron para llamar a los demás galos. 4-El nombre, con mayor o menor fortuna, por corrupción, pudo dar origen a galo o gálata, que griegos y romanos usaron para llamar a otros pueblos que ellos consideraban vinculados de un modo u otro a los galos (origen, físico, costumbres, lengua...) 5-Cabe la posibilidad de que el nombre galo sí fuera un nombre indígena, usado por algunos grupos celtas, y que -en la nomenclatura de los autores clásicos- estuvo en pugna con el de celta. De todos modos, no hay que olvidar que, aunque la toponimia de algunas zonas de Europa Occidental podría apoyar esta tesis, algunos autores clásicos se refieren expresamente a "celta" como voz indígena, cosa que no sucede con galo, que en algunos casos, es citada expresamente, como de origen griego o romano. El panorama resultante, lejos de aclarar, casi confunde aún más. Porque celta y galo a veces parecen ser sinónimos y otras veces no. Los autores consideran "celta" una voz de origen galo, después meten a los celtas del suroeste peninsular en el mismo saco celta que los galos y otros pueblos, pero esos celtas peninsulares nunca son considerados galos, sino celtas.... el resultado podría ser una manera -implícita- de reconocer que en la Península, nadie se llamaba celta a sí mismo. Que la palabra no era más que un convencionalismo, de origen galo, extendida con posterioridad a otros pueblos. En fin, un nudo gálata, casi más dificil de desatar que su vecino el gordiano... 04/01/2005 11:04 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. 05/01/2005La frágil memoria de los pueblosEste artículo rompe un poco la tónica de los precedentes. No se trata de una más o menos documentada exposición sobre un episodio histórico, sino una pequeña reflexión sobre lo frágil que es la memoria de los colectivos humanos. Para ello, voy a plantear dos ejemplos que, personalmente, considero llamativos: En mayo de 1589, A Coruña fue atacada por los ingleses, al mando de sir Francis Drake; después de días de asedio, los ingleses tuvieron que abandonar la ciudad, incapaces de tomarla. En la defensa se distingue María Mayor Fernández de la Cámara Pita, "María Pita". En enero de 1809, vuelven los ingleses, pero ahora como aliados. El cuerpo expedicionario británico, al mando de sir John Moore llega a la ciudad para ser evacuado por la Royal Navy, perseguido por las tropas francesas del mariscal Soult. En la batalla librada en Elviña, en los alrededores de la ciudad, Moore muere, y es enterrado en la ciudad. Su tumba aún se puede visitar hoy en día, en los jardines de San Carlos. Pues bien, de manera casi sistemática, los coruñeses tienden a confundir ambos eventos. La mayoría de la población mete en el mismo saco a María Pita y al "inglés que está enterrado en San Carlos". Durante las recreaciones de la batalla de Elviña que se celebran en verano, un servidor ha podido oír a muchos espectadores preguntares "¿Cuándo aparece María Pita?". ¿Y todo esto qué significa? se puede preguntar alguno. Pues eso, la frágil memoria de los pueblos. Estamos hablando de acontecimientos de hace dos y cuatro siglos, cuando ya había escritura... y sin embargo, las gentes del lugar se hacen un lío. A tenor de esto, me pregunto: cuando consultamos fuentes antiguas -considérense tales desde historiadores de la Grecia clásica hasta los libros del Antiguo Testamento- y en ellas se nos hablan de hechos acaecidos muchos siglos atrás, cuando ni siquiera esos pueblos tenían sistema de escritura o no estaba al alcance de todos ¿qué fiabilidad le podemos dar? ¿Acaso no es posible que las personas del pasado se confundieran y mezclaran hechos diferentes o dividieran hechos únicos, tal como hacen buena parte de los coruñeses de hoy? Esta reflexión podría aplicarse a aquellos que no tienen empacho en echar mano de la tradición oral como base para admitir la veracidad de una historia. Cada vez que me topo con algo así, inevitablemente pienso en la confusión de mis paisanos. Imaginémonos a un coruñés medio, con un nivel cultural medio-bajo ¿qué visión de la batalla de Elviña y del ataque de 1589 puede tener? Por lo dicho, ante todo, la referencia de que fue un mismo acontecimiento. ¿Cuántos pueblos del pasado no habrán cometido esos mismos errores, perpetuados en sus tradiciones orales, tradiciones recogidas por historiadores antiguos, y que hoy aceptamos -a falta de otras- como fuentes más o menos fiables? El otro ejemplo de flaca memoria histórica puede resultaros más familiar: el famoso referéndum de la OTAN. A raíz del próximo referéndum sobre la Constitución Europea, uno ya ha escuchado que "es igual; aunque gane el no, nos meterán igual, como hicieron con la OTAN". En efecto, a lo largo de los años, me he topado con varias personas que defienden la leyenda urbana -creo que podemos considerarla tal- de que ganó el no a la OTAN. Pues bien, el referéndum, que no iba sobre la entrada en la OTAN, sino sobre la permanencia, ya que la entrada se había producido con la UCD, tuvo los siguientes resultados: Censo: 29.025.494 personas. Votos emitidos: 17.246.458 (59,42% del censo) Sí: 9.054.509 (52.49%) No: 6.872.421 Blanco: 1.127.673 Nulos: 191.855 Es decir, tenemos aquí otro ejemplo de cómo la memoria de un colectivo (¿o la desinformación?) puede fallar. 05/01/2005 10:51 Enlace permanente. Hay 2 comentarios. 07/01/2005De Makedonía a Makedonija El estreno de la última película de Oliver Stone está poniendo de moda las andanzas de Alejandro Magno. Ya estamos inmersos en la marea de libros, documentales, artículos de prensa, etc... que nos recuerdan las hazañas del famoso rey macedonio. Por eso, el presente post no va a tratar de las campañas de Alejandro, sino de su país, con una curiosa y contradictoria historia. Una Macedonia que desde hace poco más de una década, volvió a ser independiente después de más de 2000 años.Macedonia (del griego Makedonía, a su vez de "makednós"=alto), estuvo poblada en sus orígenes por gentes indoeuropeas no griegas. De su idioma nos quedan unos pocos restos que se cuentan con los dedos de las manos. Insuficientes para tener una idea más o menos clara sobre cómo era su lengua. A través de textos griegos, conocemos algunos nombre propios y palabras como adé "cielo", y abrunges "las cejas". Probablemente, el macedonio estaba emparantado con otras lenguas indoeuropeas balcánicas como el peonio, el tracio o el ilirio. En el siglo V a. C. Macedonia ya es un reino unificado y en mayor o menor medida helenizado. El núcleo de dicho reino no se correspondería con la actual Macedonia independiente, sino con la Macedonia griega (la capital, Pella; la necrópolis real, Vergina...) Los macedonios combatieron al lado de los persas en las Guerras Médicas y de los espartanos en las del Peloponeso. Pero es a mediados del siglo IV a. C., con Filipo II, cuando Macedonia irrumpe como potencia: sus fronteras se amplían en todas las direcciones. El reino se extiende desde Albania hasta el Mar Negro, y desde el Danubio a las Termópilas. Filipo intenta unificar Grecia bajo su mando. Algunos griegos apoyan la idea. Otros, con el ateniense Demóstenes a la cabeza, la rechazan. Alegan que, de hecho, Filipo ni siquiera es griego. Tenemos aquí un caso curioso: los macedonios se consideran a sí mismos griegos, pero los griegos no los tienen por tales. De hecho, ni siquera los invitan a los juegos olímpicos. Como algún autor ha señalado, esta posición recuerda a lo que sucede hoy en día entre los turcos y buena parte de los europeos, al respecto de la supuesta europeidad de los primeros. Filipo derrota a sus oponentes en Queronea (338) poniendo así toda Grecia a sus pies. A su muerte, le sucede su hijo Alejandro (cuyas hazañas exceden el objeto de este post). A la muerte de Alejandro, Macedonia se involucra en las luchas intestinas de los reinos y polis griegas, hasta que a mediados del siglo II a. C., después de sufrir grandes derrotas como la de Pidna, queda convertida en provincia romana. En los siglos III y IV sufre las invasiones godas. En el siglo VI, es parte del imperio bizantino. Y es entonces cuando se produce otro acontecimiento decisivo: llegan los eslavos. Después de tímidos intentos en el siglo V, entre el 548 y el 620, los eslavos se expanden por los balcanes, obligando a los bizantinos a replegarse a las zonas costeras. Macedonia también sufre las invasiones. La población autóctona se fusiona con los recién llegados, que imponen su lengua. Algunas tradiciones y rasgos culturales sobreviven, pero nadie duda que Macedonia pasa a ser un país eslavo. Desde Tesalia hasta las fuentes del río Vardar y desde Albania hasta las estribaciones occidentales de los montes Ródope, se va fraguando una nueva nación, que conserva la denominación ancestral del territorio: Macedonia. A fines del siglo VII, Justiniano II recupera para Bizancio el control de la zona. Los eslavomacedonios son paulatinamente cristianizados: se fundan monasterios y obispados por doquier. Tras el cisma de Occidente, los macedonios pasan a formar parte de la cristiandad ortodoxa. En el siglo X, la mayor parte de Macedonia había pasado a ser parte del imperio búlgaro. De hecho, la región se convirtió en uno de los núcleos de dicho imperio. Se inicia entonces un período de casi tres siglos y medio en el que el país pasa de manera intermitente del dominio búlgaro al bizantino y viceversa. A mediados del siglo XIV, Macedonia es conquistada por Serbia, cuyo zar, Stefan Dushan, coronado con el nombre de Uros IV, funda la ciudad de Skopje, a la que convierte en capital de su reino. La situación dura poco. El siglo XIV termina con Macedonia incorporada al imperio otomano. Después de casi 500 años de dominio turco, a finales del siglo XIX va despertando un incipiente sentimiento nacional macedonio. El Congreso de Berlín (1878) sanciona la independencia de varias naciones balcánicas (Serbia, Rumanía, Bulgaria) lo que dá más alas a los macedonios, que crean un grupo de resistencia, la Organización Revolucionaria Interna de Macedonia (Vnatnesna Makedonska Revolucionara Organizacija- VMRO) La VMRO protagoniza un levantamiento armado en 1902, proclamando la República de Krusevo. Tras meses de combates, los turcos ahogan en sangre la rebelión. Los intereses de Macedonia no eran los mismos que sus vecinos. Los macedonios querían crear un estado que choca con las aspiraciones de Serbia, Bulgaria y Grecia, que tienen sus propios planes para la zona. Grecia: cree que la única Macedonia es la griega. Rechaza un nacionalismo macedonia que ansía territorios que considera propios por derechos históricos. Serbia: los macedonios son, más o menos, serbios o serbios "bulgarizados", dice el gobierno de Belgrado. Ansía la mayor parte de Macedonia. Bulgaria: conforme con la gran Macedonia, con una salvedad; para Bulgaria, los macedonios son búlgaros, por lo tanto esa Macedonia tendrá que incorporarse a Bulgaria en su totalidad. Entre 1889 y 1900, los tres países establecen un censo étnico de una Macedonia que aún no les pertenece, pero que ansían dominar cuando el imperio turco salte en pedazos. Compárense los datos de los tres censos: Población total: censo serbio-2.2880.420; censo búlgaro-2.248.274; censo griego-1.820.000. Turcos: cs-231.400; cb-489.664;cg-576.000. Búlgaros: cs-57.600; cb-1.184.036; cg- sin datos. Serbios: cs-2.048.320; cb-700 (¡!); cg- sin datos. Griegos: cs-201.240; cb-225.152; cg-656.300. Macedonios: serbios y búlgaros no recogen esa opción; cg- 454.700. Albaneses: cs-165.620; cb-124.211; cg- sin datos. Válacos: cs-74.465; cb-77.267; cg-41.200. Otros: cs-101.875; cb-147.244; cg-91.700. Puede observarse que cada país manipula los datos tal como le place. Obsérvese que los serbios y búlgaros incluyen en sus comunidades nacionales a los macedonios, que no son considerados en sus censos. Y en la cartografía, idem. Compárese este mapa étnico de Macedonia desde la perspectiva serbia y compárese con la búlgara. En 1912 estallan las llamadas Guerras Balcánicas, que finiquitan el imperio turco en Europa. Pero Serbia y Grecia no están de acuerdo con las nuevas fronteras, que le daban la mayor parte de Macedonia a Bulgaria. De ese modo, serbios y griegos se alían con turcos y rumanos y la despojan de la mayor parte de sus conquistas. De lo que debía conformar la Gran Macedonia, Grecia se apodera de 35.000 kms. cuadrados, Serbia de 25.000, y Bulgaria de apenas 6.700. El fin de la I Guerra Mundial sólo introdujo una leve modificación en los límites de la zona búlgara en favor de Serbia. Serbia, transformada en Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos, posteriormente Yugoslavia, no admitía en su Constitución de 1921 la existencia de un pueblo macedonio. Ello desató una campaña terrorista por parte de la VMRO. Entre 1919 y 1937, más de 3.000 atentados llevan su firma. El más famoso, aquel en el que -en colaboración con los nacionalistas croatas de extrema derecha de la Udstacha- asesinaron al rey Alejandro I de Yugoslavia y al ministro francés de Asuntos Exteriores en Marsella, en 1934. No sólo Serbia, sino también Grecia y Bulgaria, iniciaron varias campañas de homogeneización y asimilación cultural. Entre 1920 y 1925, en los intercambios de minorías llevados a cabo entre Turquía, Grecia y Bulgaria, fruto de los reajustes territoriales posteriores a la I Guerra Mundial, los griegos expulsaron de la Macedonia Griega a miles de macedonios eslavos, considerados "búlgaros", y los deportaron a dicho país. Tras la invasión nazi de 1941, Yugoslavia fue borrada del mapa. La Macedonia yugoslava fue repartida entre la Albania controlada por Italia y la Bulgaria aliada del Eje. El que los alemanes no apostaran por una Macedonia independiente, les privó de la colaboración de los nacionalistas macedonios (a diferencia de lo sucedido con los croatas). Por otro lado, la represión de los búlgaros, eliminó buena parte de las simpatías que Bulgaria inspiraba entre los macedonios yugoslavos. Tras la guerra, Tito creó una nueva Yugoslavia, socialista y federal, en la que Macedonia se convirtió en una república propia, separada de Serbia (alqo que los nacionalistas serbios nunca le perdonarían la mariscal). Él y el líder búlgaro, Dimitrov intentaron jugar la baza nacionalista: unir las Macedonias yugoslava y búlgara en un estado independiente, al que se uniría la griega, en su mayoría en manos de las guerrillas comunistas. Una Macedonia independiente, pero tutelada por Belgrado y Sofía, que sirviera al bloque comunista de salida al Mediterráneo. Pero el hecho de que en el "reparto de Europa" de Yalta y Potsdam, Stalin hubiese reconocido a Grecia como parte del "bloque occidental", y la derrota de la guerrilla comunista a manos del gobierno griego, pusieron fin a ese plan. El gobierno griego aprovechó para asimilar o expulsar a la mayoría de los eslavomacedonios que aún quedaban en la Macedonia griega. Por su parte, Tito, en un intento de mantener el equilibrio entre las repúblicas yugoslavas, siguió apostando por desvincular a Macedonia de Serbia, y facilitó la creación de un patriarcado ortodoxo macedónico, separado del serbio. La iglesia ortodoxa serbia no lo aceptó y excomulgó a los obispos macedonios en 1967. Con la muerte de Tito, los años 80 se convierten en la última década de vida de Yugoslavia. En agosto de 1990, la policía y los nacionalistas serbios disolvieron una concentración de nacionalistas macedonios en el monasterio de San Prohor, en el sur de Serbia. Siguiendo la vía abierta por Eslovenia, Croacia y Bosnia, Macedonia convoca un referéndum sobre su soberanía en 1991. El 72% del electorado votó "Sí". El 9 de septiembre se declara la soberanía de la república. El nuevo presidente, el ex-comunista Kiro Gligorov, proclama la independencia el 15 de julio de 1992. El nuevo estado se tiene que enfrentar a varios problemas: -Bulgaria lo reconoce; pero no a la nación macedonia, a la que considera una rama de la búlgara. -La nueva Yugoslavia no interviene militarmente y también acaba reconociendo la independencia, pero Serbia sigue controlando en buena medida la economía del país. -Grecia mueve todos los hilos que puede para que la nueva Macedonia no sea reconocida por la Unión Europea. ¿A qué se debía esta postura griega? a) Atenas se negaba a que el nuevo país se llamara "Macedonia" (Makedonija, léase "Makedónia") oficialmente, denominación que se consideraba exclusivamente griega. b) Atenas se negaba a que Macedonia usara como bandera la del sol de Vergina , que rememoraba el estandarte de la Macedonia clásica., y que Grecia consideraba propio. c) Atenas se negaba a que en las nuevas monedas macedonias apareciera la representación de la Torre Blanca de Tesalónica, ciudad griega pero considerada la "capital" de la Gran Macedonia. El gobierno macedonio tuvo que ceder ante Grecia: -La denominación oficial del país tuvo que ser "Antigua República Yugoslava de Macedonia" (en inglésFormer Yugoslavian Republic of Macedonia, de donde el acróstico FYROM por la que es denominada a veces) -Adoptó una nueva bandera. A pesar del nuevo diseño -que inevitablemente tenía un aire nipón- se mantenía el simbolismo solar, aunque ya no era tan semejante al estandarte de Vergina. -El preámbulo de su constitución renuncia a cualquier expansión territorial. Con mayores o menores recelos, se solucionó la cuestión con sus vecinos. Pero entonces, empezaron los problemas internos. De todas las minorías de Macedonia los albaneses son los más numerosos, siendo alrededor del 22% de la población de la república. A lo largo de los años 90, la comunidad internacional auspición en dos ocasiones la elaboración de un censo étnico en el país, que los albaneses boicotearon alegando que ellos realmente eran el 35% o incluso el 40%. Durante la guerra de Kosovo, hubo miedo a un efecto contagio, y que los albanomacedonios también se levantaran en armas. A pesar de la tensión y de la avalancha de refugiados, la situación se controló. Pero en agosto de 2001, una guerrilla albanesa empezó a actuar en el noroeste del país, extendiendo sus acciones a los alrededores de la propia capital, Skopje. Había fundados temores de que detrás de ella estaba el nacionalismo radical albanokosovar. El gobierno, incapaz de derrotarla, firmó un acuerdo que suponía la promesa de más autonomía lingüística, cultural y administrativa, y un aumento de la presencia de albaneses en la Administración, la policía, etc. La Macedonia de hoy, así, se enfrenta a varios problemas: 1-Las relaciones con sus vecinos no acaban de normalizarse del todo. En los cuatro países que rodean a Macedonia (Serbia, Albania, Grecia y Bulgaria) hay sectores que desearian la anexión de todo o parte del país. Y con excepción de Albania, los demás siguen teniendo un peso importante en el funcionamiento de la economía macedonia. 2-La minoría albanesa: plantea muchos conflictos, a pesar de que los partidos albaneses moderados siempre han sido -y siguen siendo- parte de las sucesivas coaliciones de gobierno. Cada vez son más los albaneses de Macedonia que desean la independencia y su integración en Albania. Otros, en cambio, propugnan una "vía belga": que Macedonia deje de ser el estado de los macedonios y minorías incluidos los albaneses, y pase a ser el estado de los macedonios y los albaneses (a modo de flamencos y valones) y minorías. Es desde esta perspectiva desde la que hay que entender los intentos albaneses de inflar su presencia en el censo de un 22% a un 40%. Por otro lado, el limbo jurídico en el que se encuentra Kosovo, y el vacío de poder e institucional que se vive en él, hace que esa región sirva de base de apoyo, por parte de mafias y grupos radicales, para cualquier manifestación presente o futura en Macedonia de nacionalismo albanés radicalizado. 3-Los propios macedonios: la Macedonia de hoy sólo es el 40% de la "Gran Macedonia". La mayoría de la gente sueña con ella, aunque la "realpolitik" no impulsa a políticos y periodistas a mencionarla. Supondría el cierre de las puertas de la Unión Europea, y la presencia eslavomacedonia en Grecia hoy por hoy es mínima. Por otro lado, los sucesos del verano del 2001 pusieron fin a una convivencia, si no armoniosa, al menos pacífica, con la minoría albanesa. Cada vez en mayor medida, los macedonios perciben a los albaneses como una minoría peligrosa, potencialmente separatista. Y no olvidan que la paulatina autonomía y reconocimiento del que van gozando es fruto de un acuerdo arrancado por una guerrilla sostenida desde fuera (Kosovo) que el gobierno de Skopje fue incapaz de vencer. Por otro lado, a día de hoy hay un debate muy intenso sobre la propia identidad de Macedonia. A pesar de que históricamente sea difícilmente defendible, se insiste en reducir al mínimo el elemento eslavo en la cultura macedonia, intentando demostrar una línea de descendencia directa de los macedonios modernos respecto de los macedonios de la Antigüedad. Este argumento refuerza a su vez las tesis granmacedónicas, toda vez que ya no es necesario echar mano de la presencia o no de población eslavoparlante para reivindicar la Macedonia griega. Para conocer las instituciones, organismos, partidos políticos, etc, de la República de Macedonia, pinchad aquí. 15/01/2005Buscando en el baúl de los recuerdos...Literalmente. Hace bastantes años, el aposentador de este blog se dedicó una mañana entera a hacer limpieza en el desván de la casa del pueblo, en compañía de su padre. Entre las cajas que se bajaron, había una llena de libros antiguos, que aún hoy no acabamos de saber muy bien cómo fueron a parar allí. La mayoría eran de trigonometría, aritmética y demás, casi todos publicados entre 1950 y 1960. Sin embargo, había una llamativa excepción: uno de los libros tenía una portada en la que aparecía dibujada a plumilla la fachada frontal del Partenón. El título decía Compendio de Historia Universal. El autor era el P. José Mundó S. J. Debajo del nombre del autor se podía leer Edad Antigua. Debajo de la imagen de la Acrópolis los datos de la edición: Barcelona, Librería religiosa, Calle Aviñó 20, 1914. Pues sí, tenía en mis manos nada más y nada menos que un libro de Historia Antigua escrito por un sacerdote en 1914. Inmediatamente, adquirió el rango de joya bibliográfica de mi biblioteca particular, que aún conserva. Hay que decir que el libro no está nada mal. El estudio de las culturas antiguas, sobre todo Mesopotamia, Grecia y Roma que plantea el libro se hace desde una perspectiva detallada, y sorprendentemente amena. Pero claro, estamos hablando de un libro de comienzos del siglo XX. Y escrito por un religioso. Evidentemente, cuestiones, digamos "delicadas" como el origen del hombre sólo podía hacerse desde una perspectiva peculiar. Aquí es donde quería llegar. Las siguientes líneas son una transcripción de cómo se describe el origen del género humano en dicha obra. Obsérvese la curiosa manera de adoptar el debate creacionismo vs. evolucionismo (desde la primera postura, claro está). "Después de criar (sic) Dios el universo, crió (sic) el primer hombre, que se llamó Adán; haciéndolo a su imagen y dándole por compañera una mujer para que tuviera descendencia. Los que se empeñan en envilecer su árbol genealógico con el de los monos, muestran especial interés en dar a su linaje fabulosa antigüedad. Según ellos, la bestia a quien reconocen por su padre, ya que en el período terciario había trocado su erudito nombre de pithecánthropos por el más humilde de homo stupidus (hombre estúpido). Verdad es que no había ganado mucho, ni en lo sonoro del título, ni en las mañas; que no usaba todavía del fuego ni de artefacto ninguno. Pero ya sabía hablar o por lo menos entender los chillidos de sus congéneres. En tal estado pasó el homo stupidus centenares de miles de años sin dejar de sí huella ninguna sino en la mente de sus admiradores, hasta convertirse en lo que es ahora, homo sapiens. ¿Qué argumentos tiene esos sabios para autentificar sus títulos nobiliarios? Primero, que existen monos y hombres que se les parecen. Segundo, que se han encontrado unos huesos fósiles, que decían ser de hombre y resultan ser de bestia. Tercero, que se han descubierto otros huesos, humanos sí, pero cuya antigüedad niegan los mismos racionalistas. Cuarto, el hallazgo en terreno terciario de algunas piedras de bordes cortantes, llamadas eolitos, las cuales, según enseñan los geólogos, deben su forma al fuego, al hielo o percusiones fortuitas. Por fin, se acogen a que probablemente la morada del pithecánthropos se hundió en el fondo de los mares. Dejémosles que buceen en busca de ella y nos avisen cuando la encuentren. Nosotros, aunque no hemos de aventurarnos a señalar con guarismos la antigüedad del hombre, pues ni tenemos datos históricos para ello ni la podemos deducir de la Sagrada Escritura, según opinan los exégetas católicos; cerrando los oídos a las voces de los que intentan hacer de nuestros antepasados unas bestias algo más desarrolladas que las otras, sigamos al inspirado autor que nos dice: Crió (sic), pues Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le crió (sic); criólos (sic) varón y hembra. (Gén. I. 27). Había plantado el Señor Dios, desde el principio, un jardín delicioso, en el cual colocó al hombre que había formado (Gén. II. 8)." La verdad es que el texto no tiene desperdicio. El análisis crítico de los argumentos evolucionistas le deja a uno boquiabierto. 15/01/2005 12:34 Enlace permanente. Hay 6 comentarios. |
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